Ezequiel al igual que Sarai, estaba impaciente por lo que vendría, pero cuando escuchó el sonido del claxon que daba inicio a las pruebas, y vio que sobre Sarai caían gusanos vivos, sintió ganas de vomitar, se moría del asco de solo pensar que lo mismo caiga sobre él. Pero él no podía estar más equivocado pensando que sobre su caja caerían los mismos gusanos que a Sarai, no, los anfitriones no podían ser tan generosos y compasivos, ahí sentado agarrando el banco con fuerza, casi quiso gritar preso del pánico, cuando empezaron a caer inmensas arañas dentro de su caja. Terror es poco lo que sintió cuando caían sin parar esas asquerosas arañas y poco a poco se iba llenando su caja de esos animales. De solo pensar que sean venenosas lo hacían temblar en el lugar que estaba sentado, por el si

