“¡No! ¡No! ¡No! ¡Ezequiel!” gritaba Sarai mientras golpeaba el cilindro como si estuviera desquiciada mientras veía como el agua iba bajando en cámara lenta, ver en el estado que se encontraba el amor de su vida estaba a punto de llevarla al fondo del precipicio de la desesperación. Una vez que toda el agua salió del cilindro, la puerta se abrió de forma automática y el cuerpo inmóvil de Ezequiel se deslizó como si no pesara nada, quedando a los pies de una angustiada Sarai. Ella cargada de adrenalina y de terror, lo tomó en sus brazos como si pesara una pluma y lo movió para que quede acostado de forma plana en el piso, colocó su oído cerca de la nariz para comprobar con horror que Ezequiel no estaba respirando, sin duda alguna sus pulmones deben estar llenos de agua, y mientras más tie

