Capítulo2

1002 Palabras
Una vez que me encuentro en casa, el tiempo empieza a pasar lento. Los primeros diez días solo miro series y apenas levanto mi trasero para ir al baño y preparar algo de comida (o buscarla cuando el delivery toca mi puerta). Durante la segunda semana, empiezo a trabajar en mis investigaciones individuales, desde la comodidad de mi casa. Aún no logro entender por qué la organización de Vega trató de matarnos a Peters y a mi. Yo jamás me meto en sus mierdas y a menos que ellos estén involucrados con mi verdadero objetivo, los Juárez. Ya ni siquiera recuerdo cuántos años de mi vida han sido invertidos en esta investigación. No voy a dejar que otra banda de mafiosos se meta en el camino, porque si no hago caer a los Juárez, todo mi esfuerzo habrá sido en vano y si ahora debo arrastrar a los Vega junto a ellos, lo haré de ser necesario. Estoy metida en este juego hasta la cabeza, no hay forma de retirarme ahora. Incluso terminé en este estado, el constante dolor en mis costillas cada vez que respiro, me recuerda eso. No hago nada más que pasar el rato leyendo archivos en mi laptop. No hay mucho que no sepa de los Vega, son mafiosos y controlan este lado de la ciudad, soy bastante consciente de su existencia. Por eso es que trabajo y me muevo dentro de su territorio, porque Juárez no tiene poder en estos lados. El timbre de mi departamento suena y ya anticipo el sabor de la deliciosa pizza que encargué más temprano. Me concentré tanto en el trabajo que apenas he probado algo que no sea agua mineral y tostadas de arroz inflado en todo el día. Si mi doctora llega a saber esto, el regaño más suave me recordará al regaño de las monjas en el orfanato. Aterradoras. Me apresuro hacia la puerta, lo más que mi aún muy adolorido cuerpo me permite, y por estar muerta de hambre olvido mirar por la mirilla para comprobar la identidad de la visita. Grave error. Lo primero con lo que me encuentro es un tipo metido en un elegante traje, que me saca al menos veinte centímetros de altura, y dato no menos importante, sostiene un arma justo entre medio de mis ojos. —Hola, detective ¿puedo pasar?— pregunta, con una profunda e intimidante voz. Levanto un poco la mirada solo para encontrarme con su rostro cubierto por un tapabocas, que solo me deja ver unos ojos un poco rasgados, que mantienen una mirada divertida sobre mí. Me hago hacia atrás con lentitud, dejando que este tipo se adentre en mi departamento. No soy imbécil, sé que no podría pelear contra él ni siquiera si estuviera bien de salud y no tuviera algunos huesos rotos. Es enorme a mi lado, se ve musculoso, letal y por algún motivo, seguramente relacionado a mi trabajo, luce bastante familiar ante mis ojos. —No sé si decir que me alegra que estés viva o me fastidia que no estés muerta.— comenta, mientras detiene su andar, en el medio de mi sala, mi cadera roza el sofá. —Si viniste a matarme hazlo ahora, no tengo modo de resistirme— miento. Obvio voy a resistir si hace algo extraño, aunque dudo que pueda hacer mucho para evitar que me muela a golpes o me dispare. Puedo oír como suelta aire en lo que, según las pequeñas arrugas en sus ojos, interpreto como una risa. Baja el arma, pero se acerca un poco más hacia mi, quedando solo a un pie de distancia. Con su mano izquierda, que se encuentra libre, corre un mechón de mi cabello hacia atrás y me da una palmada no muy suave en la mejilla derecha, en el único moretón que aún permanece en mi rostro. Ignoro a propósito la punzada de dolor. —Me encantó el espectáculo del otro día. No pensé que alguien así de pequeña le pudiera dar batalla a mis hombres. Hasta estuve tentado a pedir que te lleven con vida hasta mi casa. Un escalofrío me recorre de pies a cabeza ¿Qué tipo tan raro es este? —Ve al grano, tengo cosas que hacer, hoy salió un nuevo capítulo de mi anime favorito— chicaneo. «Cállate, cállate» ruega la voz de mi consciencia. Suspira un poco, buscando calma y luego vuelve a su pose amenazante del principio —¿Qué tanto sabes de nuestra organización?- Inconscientemente frunzo el ceño apenas lo escucho ¿este imbécil piensa que yo los investigaba a ellos? —Nunca escarbé en la mierda de los Vega hasta que me intentaron matar hace dos semanas. Creo que te equivocaste de persona, amigo.— respondo con seguridad. Mi respuesta no parece conformarlo, porque da un último paso apresándome contra el sofá. Todo mi cuerpo duele ante el contacto, su calor corporal me envuelve y siento que no puedo respirar, gracias a su mano izquierda sujetando con fuerza mi cuello. —Te juro que no sé nada ¡no me interesa tu banda!- repito, con la voz entrecortada por la presión ejercida. Se queda mirando mi cara fijamente por más tiempo del necesario, como si buscara un mínimo indicio de que le estoy mintiendo. Pero ¡mierda! claro que no estoy mintiendo. Necesito que me suelte, porque mi cuerpo herido comienza a adormecerse de tanto dolor que siento. De repente, siento el sonido de algo pesado cayendo al suelo, probablemente su arma. Alza la mano derecha hacia su rostro y con muy poca delicadeza se quita la mascarilla, revelando su rostro completo. Rasgos afilados, una mezcla perfecta entre rasgos asiáticos y americanos. Luce como... —¿Vas a decirme que te metiste conmigo sin saber quién mierda era, Samantha López? ¡Oh....por...Dios! Claro, él luce como el tipo extraño con el que pensé que sería genial pasar una noche luego de que Richie me engañara. Yo, Samantha López, detective de la policía, me acosté con un maldito mafioso.
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