Capítulo1

1340 Palabras
Samantha —Habla la detective Samantha López, número de placa 6851, necesito refuerzos y una ambulancia en mi ubicación, oficial herido, con múltiples heridas de bala, aún respira. —Los refuerzos van en camino ¿pudo ver al agresor? Tengo que respirar profundo antes de responder. El oficial Peters pesa al menos unos noventa kilos y arrastrarlo escaleras arriba me está matando. —Son muchos, el tirador ya fue neutralizado, pero nos persiguen piso arriba al menos diez más, armados con palos y navajas. Sigo cargando a Peters, hasta el último paso, mientras escucho a los criminales romper la última puerta que pude cerrar. No pierdo tiempo, dejo a mi compañero tirado atrás de un par de cajas vacías y saco mi arma. Me quedan diez balas, una carga de la pistola taser y mi bastón policial. —Los refuerzos están a dos calles, detective, busque un lugar seguro e intente esconderse. Supongo que puede oír mi respiración agitada. Me duele todo el cuerpo, no solo por cargar a Peters, sino por la paliza que recibí allá abajo donde nos emboscaron. Se suponía que esto sería una simple inspección de rutina, un edificio donde los chicos venían a fumar o beber alcohol... —Estamos en el último piso, no hay donde ir, ¡dense prisa! Corto la llamada, no me sirve seguir hablando, puedo escuchar los pasos subir las escaleras. Tengo que aprovechar la ventaja que me da la altura. Me pongo al final de las escaleras y apenas veo al primero de ellos, le disparo en la cabeza. Los demás retroceden, pero para mi mala suerte, se adelantan los tres de ellos que llevan escudos antibalas. Esto era una emboscada bien planeada desde el primer momento, no hay dudas sobre ello. —¡Los refuerzos vienen en camino! Les conviene retirarse.— grito, tratando de convencerlos de alejarse. Soy una mujer de un metro sesenta y tres. En la academia siempre te lo recuerdan, si eres pequeño, intenta que pelear sea tu último recurso. Pero estos tipos no están dispuestos a marcharse, ellos quieren matarnos a como de lugar. Disparo dos veces a los escudos y como era de esperarse, las balas simplemente no hacen nada. Lo único que puedo hacer ahora es usar mi bastón, y eso de la pelea cuerpo a cuerpo no luce bien para mi. Pateo al primero que llega a mi, lanzándolo escaleras abajo, donde es atrapado por sus compañeros. Me abalanzo sobre el segundo tipo, bajando su escudo y atinando un golpe con el bastón en su cabeza. Este si cae inconsciente, pero antes de poder prepararme para otro ataque, recibo con palazo en la espalda, que me quita el aire. En un rápido movimiento, tomo mi arma y por fallar el primer tiro, tengo que darle un segundo disparo al que me agredió. Me quedan seis balas. Cuando ellos logran salir de las escaleras, quedan al menos unos ocho tipos y me están rodeando. Todo pasa demasiado rápido, empezamos a pelear, disparo mis últimas balas y quedan cinco de ellos en pie. Suficientes para molerme a palos si me descuido un solo segundo. El piso donde estamos no es muy amplio, así que rodearme es fácil. No tengo oportunidad de usar mi taser y todo lo que me mantiene viva es mi buen amigo, el bastón. Entre golpes, caídas y contraataques, uno de ellos entierra algo en mi costado izquierdo, pero no me detengo ni a pensar en eso. Tengo veintiséis años, no puedo morir a esta edad. Aún tengo que adoptar a una mascota, casarme con Richie y tener al menos dos hijos en una bonita casa con patio y piscina... ah, pero Richie y yo rompimos, él me engaño, pero al menos morir no está en los planes ¿verdad? Doy un par de certeros bastonazos en las cabezas de dos de ellos y caen al suelo, uno inconsciente y el otro evidentemente aturdido. El tipo del cuchillo intenta darme otra apuñalada, pero con un golpe logro hacerme cargo del cuchillo y le doy con este justo en el cuello. Pero entonces recibo un golpe en la cabeza y caigo al suelo. Dos de ellos están de pie todavía, mirándome fijamente y con obvios deseos de acabar de una vez el trabajo. Uno de ellos toma el cuchillo ensangrentado del suelo y se arrodilla a mi lado, extendiendo el brazo para apuñalarme pero después de un fuerte estruendo, todo lo que veo es su cuerpo desplomándose hacia un lado y luego otro disparo resuena en el lugar. Los refuerzos al fin llegan. ... Al abrir los ojos lo primero que veo es el enceguecedor "blanco hospital", y un alivio inmenso me llena el pecho. Estoy viva ¡Viva! Me cuesta un par de segundos ubicarme y tomar control de mi propio cuerpo, pero cuando lo hago, veo a mi lado y me alegro de no estar sola. Lou está viendo su celular, lleva la ropa que usa usualmente en su trabajo como enfermera y parece estar realmente cansada. —Te ves horrible— le digo. El celular resbala de sus manos y no le importa que se caiga al suelo, simplemente se levanta y me abraza con euforia y supongo que alivio. —¡Casi muero de la angustia! No sabes lo horribles que fueron estos días ¡tuve mucho miedo de perderte, idiota imprudente!— Me derrito de inmediato con sus palabras, pero todo ese sentimiento de amor se esfuma en un instante cuando escucho la palabra "días" salir se su boca. —¿Cuánto tiempo pasó?— pregunto. Ella me besa en la mejilla antes de levantarse y responder —Dos días. Espera, llamaré al médico para que te examinen. Sale de la habitación y en menos de treinta segundos regresa con una doctora a su lado. Lou toma asiento a un lado, para no interrumpir a la doctora, mientras me examina, pero su boca no está de acuerdo con eso de no interrumpir. —¿Y está bien?— pregunta —La doctora ni siquiera ha tenido tiempo de decir hola, Lou.— le advierto. —Supongo que estás bien...— murmura. La doctora ríe, y se acerca a mi de inmediato. —Buenas noches, Samantha. Soy la doctora Collins, me alegra que hayas despertado ¿Sabés qué mes y año es?— mientras habla luce amable, es rubia, tiene unos cuarenta y tantos años y una sonrisa bonita pero cansada. —Septiembre de 2023. Estoy bien, recuerdo todo ¿cómo está mi compañero? es el oficial Steve Peters. —Tu compañero tuvo más suerte que tu, las balas lo atravesaron y pudimos estabilizarlo sin problemas. Se recuperará en algunas semanas, va a estar bien. Ha estado preguntando por ti desde que abrió los ojos, dice que le salvaste la vida.— responde con una sonrisa amable. —Ahh...¡Que alivio! —Ahora hablemos de ti. Recibiste tres heridas de arma blanca, hubo desgarro interno y perdiste mucha sangre en el camino al hospital. Llegaste casi muerta, fuiste operada de urgencia y pudimos estabilizarte y detener la hemorragia. Vas a tener que estar en observación por al menos cuatro días más y luego irás a casa a descansar. Despídete del trabajo al menos por dos meses, te ganaste este descanso. Intento procesar todo lo que me dice, y asiento a sus palabras. Yo solo sentí una de esas tres apuñaladas, pero la adrenalina le hace cosas muy locas a nuestro cuerpo. —Pude sentir los huesos rotos apenas desperté ¿no me pueden dar alguna droga o algo? —Le diré a la enfermera. Que se recupere pronto oficial López, me alegra que haya despertado. Le doy una débil sonrisa y le agradezco antes de que se marche. No pensé que hubiera estado tan cerca de morir, en todos estos años nunca lo había estado. Sea quién sea el jefe de esa banda, voy a atraparlo. Esta vez sobrevivimos, pero si sé algo de la mafia, es que no se detienen hasta cumplir con la orden.
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