La valentía de ser sincero

1448 Palabras

En la mañana siguiente me costó abrir los ojos, los sentía pesados. Cuando reaccioné por completo me di cuenta de que Daniel no se encontraba conmigo. No había nadie en la habitación. Llamé a la enfermera. - Buenos días, Lena ¿Cómo amaneces?  – llegó una joven enfermera con una sonrisa resplandeciente. - Buenos días. Bien, gracias. – mi voz se quebró a lo último, sentía mucha sed. La joven se dio cuenta y de inmediato levantó la camilla y me paso un vaso con agua fría. Era lo mejor que probaba en mucho tiempo. Tan solo un vaso, te podía hacer sentir mejor. Revisó las maquinas e hizo unas anotaciones en la planilla que tenía en una pequeña mesa que daba a los pies de la camilla. - Disculpe, ¿Sabe de pronto si me puedo ir? - La expresión de la joven cambió, se puso un poco má

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