Estoy en un mar de angustias, la cabeza me da miles de vueltas... Me preocupa pensar que algo le pudo ocurrir a Nikita. Dios.
¿Dónde podrá estar?
Habían pasado varios minutos, la autopista Mercy era corta y angosta pero aún así no la encontraba.
–Aaron–él volteó hacia mí mientras seguía manejando.
–Dígame. Jefe–
–Baja la velocidad, casi se termina la autopista. Debe estar muy cerca. –Dije.
Aaron me obedeció y bajó la velocidad.
Nikita.
¡Me cansé!
Estoy harta, ¿Hasta cuándo caminare? – miré al cielo y pregunté.
Llevaba minutos tras minutos caminando, mis pies estaban hinchados a pesar de que me había quitado los tacones, mis piernas estaban comenzando a temblar y la sed que grita mi garganta no es para jugar.
Me detuve.
Y suspiré agotada.
Había un pedazo de tronco por la vía y me senté a descansar.
El sudor que brotaba de mi como lluvia inundó mi cabello hasta el punto de hacerme agonizar. Y fue cuando le pedí a Dios que me mandara un Ángel, y claro que me escuchó porque al instante una camioneta negra se detuvo enfrente de mí.
Me levante emocionada, sin pensar que era mi desgracia.
Me acerque a la puerta donde un hombre se bajaba de ella. –¡Ay dios mío! Mil gracias por pararse señor–exprese velozmente emocionada, sin prestar la atención adecuada de quién se trataba.
No había reconocido al hombre «usaba gafas oscuras» hasta que habló. – No tienes porque agradecerme–su tono serio me hizo entrar en temor.
“¡Oh! ¡No! No. No. ¡Aléjate de mí!” –expresé asustada y corrí. Sin embargo su chofer me atrapó.
–Subela a la camioneta, Aaron–le ordenó Fiodor y él asintió. Golpee, batalle pero no pude librarme de ese tal Aaron, su chofer.
Luego de subirnos todos, colocaron seguro a las puertas y Aaron arrancó deprisa.
Fiodor no dejaba de mirarme, sentía perfectamente su encantadora y dominante mirada encima de mí
Dios.
Juro que cuando lo miré puede ver que su mirada transmitía odio. Desprecio. Amor. Decepción o cualquier otro sentimiento pero la verdad era que no podía descifrar que reflejaban sus ojos en mí.
¡Mierda! En este momento quisiera estar en casa, pensé que nunca lo diría luego de planear por años la huida de ahí.
Fiodor.
La observaba, sí, no podía dejar de hacerlo. Estaba recostada de la puerta de la camioneta y me recordó aquella vez que la conseguí en la esquina pasando frío y hambre, ¿Por qué rayos no puedo confesarle mis más oscuros deseos hacia ella?
–¿Cómo te encuentras? –le pregunté usando mi tono más dulce y delicado.
Ella volteó enseguida hacia mí.
–¡Oh, después de verte matar a un sujeto enfrente de mí, creo que bien! –volteó de nuevo hacia la ventana–¡Idiota! –susurro.
Y me enfado.
Mis dedos se retorcieron de rabia pero enseguida apreté mi mandíbula para controlarme, la bestia en mí estaba a punto de salir y no podía permitirlo.
–Nikita–tome aire–Lo siento–deje salir el aire. Ella volteó nuevamente hacia mí reflejando la impresión. –¿Qué? –preguntó impactada ante mi palabra.
Respire lento y sonreí un segundo.
–Lo que quiero decir es que, no quiero que me temas. Nunca te haría daño, te lo juro–le confesé y luego dejé de mirarla.
Desvié mi mirada hacia la ventana preguntándome, ¿Realmente me salió decir eso?
Creo que mejor le hubiese confesado lo que siento, tal vez así no hubiera quedado como un estúpido, anque no es facil admitir el sentimiento del amor hacia alguien creo que hubiera sido más fácil que un perdón
¡Ash! ¡Estupido! –musite.
Nikita.
Asombrada quedé ante sus palabras, nunca imagine que la Bestia de Florencia tuviera sentimientos y menos, por mí.
Sonreí mientras lo miraba, aún seguía asombrada.
[...]
Minutos después llegamos al puerto y Fiodor, "La Bestia Fiodor" me abrió la puerta. Siempre lo hacía su chofer o algunos de sus empleados, por lo cual mi asombro se hizo aún más grande.
–¿Qué hacemos aquí? –le pregunté confundida, pensé que volveríamos a casa y no fue así.–Daremos un paseo–respondió, y esta vez lo hizo bien, sin su tono despreciable ni de forma déspota.
Había llegado al puerto donde había miles de barcos anclados de diferentes tamaños, seguí a Fiodor y llegamos a uno muy grande y elegante. Nunca había subido a un bote. Nunca había estado tan cerca del mar, esto es tan hermoso que no sé si es un sueño o una pesadilla ¡Vamos! Soy Nikita Fitcher, la chica que todos odian, la que no tiene ni para un caramelo... Jamás imaginé que algo así me pudiera pasar.
¡Dios! ¡Qué emoción!
–Dame tu mano–expresó Fiodor desde el barco y tomé su mano conteniendo mi alegría, pues, no quería parecer una niña que nunca había subido a un barco aunque eso era.
Me trepé al barco y todo era precioso. Piso de madera fina, muebles de piel, cuadros y adornos de oro... Sí mi padre estuviera aquí moriría de infarto al ver un barco tan elegantemente hundido en dinero. El barco era preciosamente hermoso, incluso más hermoso que su casa hay que admitirlo.
~~
Estaba en la proa disfrutando de la brisa y el mar cuando él se acercó con un par de botellas. Se muerde sutilmente sus labios gruesos y me pregunta sexymente– ¿Tomas conmigo? –
Mi v****a volvió a llorar. Dios, era la segunda vez en el día que me sucedía esto, ¿Qué demonios me pasa?
–Eh... –la lengua se me enredó–Sí, claro–dije nerviosa.
La timidez vino a mí, pero no entendía por qué. No entendía por qué él me trataba así, sí cuando estuvimos en la habitación me dejó claro que me estaba ilusionando sola.
Suspire para calmar mis nervios.
Fiodor sirvió dos copas y ambos bebíamos de ellas.
Luego miramos el mar y, una imprudente pregunta salió de mí. –¿Por qué te dicen "La Bestia"? –Enseguida él me miró.
Tomó toda su copa y se sirvió más.
–No sé si deba contártelo. –inclinó su cejas y su mirada de odio volvió a salir.
–Solo lo pregunto por curiosidad, si no quieres responder, no lo hagas. No estás obligado–exprese marchándome a otro lugar y en eso Fiodor reaccionó tomándome del brazo y acercándome a él. Nuestras respiraciones se estaban mezclando y nuestros pulsos acelerando, solo deseaba tenerlo entre mis labios.
Trague saliva.
Él me tenía sujetada contra el cuerpo mientras no dejaba de mirarme. Su mirada parecía que buscaba algo pero, creo que solo me estaba haciendo el amor con sus hermosos ojos marrón y cada minuto que pasaba mis nervios se descontrolaba. No pude aguantar más y dí el paso... me lance a besarlo. –¿Que mierdas haces? –Dijo esquivando mi beso, él se encontraba sorprendido ante mi atrevimiento.
Me quede inmovil y, agache la cabeza avergonzada.
–Disculpa.–volví a tragar saliva–Solo fue un impulso, no quería hacerlo–comenté, fingiendo. Pues claro que deseaba hacerlo, mi v****a me pedía a gritos sentir sus grandes y carnosos labios. –¿Quieres decir que no querías besarme? –arqueó una ceja–Exacto–me aleje de él, apenada.
Y Fiodor enseguida me tomó nuevamente del brazo estampando un beso, un profundo beso donde nuestras lenguas se enlazaron a la perfección haciendo así que mi v****a se descontrolaba de emoción, una mano la tenia en mi trasero y la otra en mi cuello presionando así mucho más nuestros labios. Mientras nos besabamos ví fuegos artificiales a nuestro alrededor y fue donde entendí que, sin importar quién o qué fuera Fiodor D´ Alessandro mi corazón estaría con él.
El beso fue largo y placentero, pude conocer bien el interior de su boca y él el de la mía. –¿Seguro que quieres hacer esto? ¿Por qué puedo dejarte ir si así lo deseas–me preguntó Fiodor dulcemente, es obvio que él sintió lo mismo que yo con ese beso, por eso sintió miedo y me dio la opción de elegir irme o quedarme. Pero ya lo dije antes, mi corazón siempre estará con él, donde esté.–No pienso irme. Me quedaré a tu lado siempre, sí así lo quieres–sonrió.
Y me jaló hasta el final del barco donde había una habitación, entramos y me deje caer en la enorme cama como protagonista de novela«Sexy y delicada» Sonreí, no podía parar de hacerlo.
Fiodor se montó encima de mí y mi corazón se aceleró.
–¿Puedo? –preguntó mirando el cierre de mi vestido.
Asentí con la cabeza y él sutilmente deslizó el cierre.
Todo mi cuerpo comenzó a temblar del miedo, jamás había estado con alguien y no sabia que hacer. Fiodor termino de quitarme el vestido dejándome así completamente desnuda ante sus ojos marrón, mi respiración se torno acelerada y fue cuando timido me preguntó–¿Es tu primera vez Nikita? –pensé en mentirle pero lo notaría así que la verdad deje salir. –Sí. Lo siento. Sé que no estás acostumbrado a esto pero no sé qué hacer–le confesé.
Fiodor sonrió y se quitó su camisa.
–Tranquila. Solo relajate ¿Ok?–expresó.
Suspiré y toda la frustración deje salir, mi cuerpo se acomodó en suma relajación.
Estaba desnuda en la cama y él encima de mí sin camisa, me sostuve en su mirada y él delicadamente hundió sus dedos hasta lo más profundo de mi v****a y gemí con los ojos cerrados–¡AHHH! –El movía sus dedos dentro de mí y gemí, gemí, más fuerte.
Luego me acomodo en rodillas, me dio una nalgada parando así mis nalgas y en segundos me lo metió. Metió su pene dentro de mí moviéndose con mucha fuerza dejando así relucir mí satisfacción, posteriormente me tiró en la cama con las piernas abiertas y sucesivamente volvió a meterlo y a girarlo dentro de mí, mis caderas no aguantaron tanta emoción y comenzaron a moverse a ritmo del Rock and roll.
Yo seguía gimiendo y gimiendo pero Fiodor no transmitía nada, solo me observaba aunque se le notaba que lo disfrutaba.
¡Dios! Mientras sudabamos solo deseaba que nunca se terminara.
[...]
Luego de horas...
Me encontraba entre las sabanas con mi cabeza apoyada en su pecho, Fiodor leía un libro mientras le hacia cariño en su barriga y pensába en nuestro magnifico sexo.
–¿Cómo lo hice? –Le pregunté ansiosamente alegre.
–Bien. Estuvo bien–respondió indiferente leyendo su libro.
«No me gustó nada su respuesta, lo reflejé inclinando mi mirada.»
–¿Solo dirás eso? –me levanté poniéndome una bata.
–¿Qué más quieres que diga? –paso una página del libro.
–No lo sé, que podría escuchar una joven después de perder su puta virginidad–dije furiosa marchándome de ahí. Sus palabras me indignaron, creo que pudo responderme de otra manera ¿Acaso cree que soy una ramera sin sentimientos? Dios, acabo de entregarle mi virginidad al menos podía decirme lo feliz que lo he hecho, bueno sí al menos así fue.
Llegué a la proa del barco y encendí un cigarro.
“Trata de comprenderlo, nunca luchó para tener algo o alguien tanto” –escuche a mis espaldas.
Volteé.
–No entiendo–le comenté a Elliott su más fiel empleado.
Él se acercó a mí y encendió también un cigarrillo.
–Joven Nikita, él jefe la ama pero no se lo demostrara tan fácil, debe tener paciencia–me aconsejo y una sonrisa en mis labios se reflejó.
–¡Vale! La tendré. Pero él hace las cosas muy difíciles–inhale el cigarrillo.
Ellioth se rió sutilmente.
–Ya le dije tengale paciencia–expresó y se marchó.
Paciencia. Puedo tener paciencia, la tuve durante años con mis padres pero si la paciencia significa que debo dejar la poca valentía que me ha salido pues no la tendré, porque nunca más permitiré que me humillen o maltraten.
Eso lo juré.
Y en este momento me está tratando como una puta, como una insignificante puta que le dio placer por unos cuantos malditos billetes.
AAAAAAAAAAA... –grité de rabia.