Capítulo 5- Primer (re) encuentro 2

1553 Palabras
Luz No puedo quitar mi mirada del sujeto que me acaba de salvar, me da una sensación de familiaridad pero no sé, seguro es el alcohol en mis venas, incluso el fuego que siento y mis ganas de gritarle o tocarle para que voltee a verme también es raro. Me pican las manos por tocarlo, hasta de pedirle que me de toda su atención a mí y no al rubio idiota. Quiero ver sus ojos, que tal que es quien me miraba a la distancia hace un rato. Me asomo por un lado y observo al tipo rubio que se hace chiquito frente a la mirada de mi salvador, pero de repente se envalentona y le reclama. Aquí habrá golpes ¡oh, oh! -¿Qué te pasa imbécil? Estoy bailando con mi chica.- Quiere parecer gallito pero no llega ni a pollo. ¿Dijo su chica? Está pen***o. Me entra la furia, pero antes de contestar mi salvador lo toma del cuello y de manera fría, ruda y contundente que me excita le dice.- -¿Tu chica? Sólo eres un idiota rubio acosador, no la mereces.- Y entonces se lo lleva hacia la salida del club. Estoy un poco paralizada y no sé si ir tras él o no. De repente, me dan unas nauseas horribles y salgo corriendo al baño. Irene viene tras de mí, me ayuda mientras descargo todo el alcohol y el miedo que sentí. Hace mucho que no sentía miedo ni me paralizaba. Comienzo a sollozar mientras Irene me abraza, tengo que sacar el malestar porque si no tendré un nudo en la garganta toda la noche y me pondré peor cuando esté sola en mi apartamento. Después de unos veinte minutos creo yo, y después de mucha agua fría en mi rostro por fin me calmo un poco. Irene me ha consolado mucho y se lo agradezco. Al salir encontramos a Sonia muy sonriente con un chico alto de cabello n***o, cejas pobladas, un moreno muy sexy. Lo ve como tonta y ahí me doy cuenta que es su nuevo chico, o tal vez su único chico con el que verdaderamente está saliendo. Por un momento vuelvo a relajarme, no quiero recordar el incidente de hace un momento, pero tampoco me siento con ganas de seguir festejando. Irene y yo llegamos a la mesa, ambos nos ven, Sonia con preocupación y su novio con sorpresa y felicidad. -¿Cómo te sientes, Luz?.- Me pregunta Sonia. Sonrío, aunque creo que es una mueca. -Bien, amiga, no pasa nada.- Intento sonar tranquila. No me cree, pero no me va a presionar, sabe que tengo que tranquilizarme un poco. Voltea a ver a su chico y la sonrisa regresa a su rostro. -Les quiero presentar a mi…- Se queda pasmada y lo voltea a ver -Novio, soy su novio, Aaron Wells.- Sonríe ampliamente y a mí me cae muy bien. Que tome el papel de novio con esa seguridad y la vea de esa forma me confirma que esto pinta para ser una muy bonita pareja.  Mi amiga se sonroja y eso es raro, ya les había dicho verdad, mi amiga la desvergonzada se sonrojo ¡Esto quedará para la posteridad! -Sí, es mi novio, Aaron.- Confirma mi amiga con una sonrisa boba. -Mucho gusto, que bueno que lograste domar a esta fiera.- Bromeo un poco. Sonia me fulmina con la mirada. Irene y Aaron se ríen a carcajadas, saben que mi amiga es una fiera, una fiera descarada. -Créeme que lo intenté pero me encanta más siendo una fiera indomable.- y la ve con amor ¡Mi vida! Y mi amiga vuelve a sonrojarse, ¡ya, por favor! Demasiado amor aquí. Las bromas hacia mi amiga no se dieron a esperar y pronto estábamos riendo. Aaron me cae muy bien. Sonia está feliz e Irene está muy cómoda y contenta bebiendo y bebiendo, nos costará mucho bajarle la borrachera y mañana va a llorar por la cruda que le dará. Seguimos platicando por un rato pero no me siento bien. Siento que me sudan las manos y eso es mala señal, normalmente anuncia un ataque de pánico, respiro hondo varias veces pero no siento mejoría. Al final decido irme, tomaré un taxi por aplicación para que mis amigas estén más tranquilas. Al avisarles quisieron acompañarme pero no quería echar a perder su noche, me abrazaron y felicitaron por mi nuevo puesto, que hasta había olvidado por un momento y salí del club. El viento frío me despabilo un poco. Camine hacia la esquina para llegar a la avenida principal y esperar el taxi. Una mano fría me tomo por el brazo y me sacudió, era el tipo rubio con unos cuantos golpes en el rostro, tenía una sonrisa de loco y entonces volví a tener mucho miedo, mis manos me sudaban, me recorría un sudor frío por la nuca y la espalda, esto no era bueno, me iba a paralizar y dar un ataque de pánico. Y no había nadie alrededor para ayudarme. El tipo me jalaba para llevarme a no sé dónde, yo trato de resistirme pero el esfuerzo me hace jadear y empezar a hiperventilar. Pierdo el equilibrio y caigo de bruces al piso. El sujeto toma mi cabello de manera brusca para levantarme, yo ya no puedo, estoy perdiendo el conocimiento. Tengo miedo, mucho miedo. -Por tu culpa me golpearon, z***a, ahora pagarás por lo que me hicieron.- Me jalaba con más odio.- No te quieras ver como la víctima, tú me sedujiste como la z***a que eres y ahora nadie te va a defender.- Vuelve a hacer el intento de levantarme. Cuando estoy perdiendo las pocas fuerzas que tengo escucho un grito a mi espalda, el sujeto me suelta de manera brusca, dejándome caer en la banqueta. Escucho golpes, trato de observar bien qué pasa pero sólo veo sombras. De repente, siento unas manos cálidas que me regresar a la realidad por un par de segundos, me encuentro con un chico de pelo n***o, ojos verdes cautivadores, y yo creo que estoy soñando, su mirada atraviesa hasta mi alma. Me habla pero no puedo escucharlo, solo son murmullos lejanos. Después pierdo el conocimiento. En sueños siento que me llevan cargando, siento el calor y la electricidad de su cuerpo. Me siento protegida. ** Karim Después de darle unos golpes y que mis guardaespaldas tiraran a la calle a ese maldito acosador, decidí ir a mi carro por un cigarro, no aguantaba la ansiedad, por un lado quería regresar a golpear al tipo y por otro, quería regresar a ver a la diosa de vestido rojo. Trate de calmar mis nervios, normalmente no soy así de violento ni impulsivo, pero en esta ocasión era importante, no podía dejar que trataran así a mi chica, ni a ninguna otra. Paso bastante tiempo cuando decidí regresar y enfrentar a la chica que con solo tocar su cintura y sentir su mirada en mi espalda me hizo sentir de lo más extraño, excitado y no sé cómo definirlo, pero con una necesidad de acercarme a ella. Peo antes tuve que dar una vuelta a la calle para relajarme. De regreso, distinguí la figura de esa chica caminando hacia la esquina, camine lo más rápido posible para alcanzarla, se veía ansiosa, mal y eso me empezó a preocupar. Estaba por atravesar la calle cuando vi que el mismo tipo rubio no aprendió la lección y fue tras ella, la jalaba del brazo. Me enfurecí y es que maldito idiota que no entiende, necesita muchos golpes más. Aún estaba un poco lejos así que corrí lo más rápido posible, corrí como loco. La vi tambalearse para después de caer y el muy estúpido la agarro del cabello. Me parece que está muy asustada porque se ve como ida. Ahora sólo quiero golpearlo y dejarlo sin decendencia. Llame a mis guardaespaldas mientras corría, siempre están tras de mí a una distancia prudente, pero justo en este momento los había dejado en el Club para despejarme un poco, ¡maldita decisión! Les llame también porque hoy no me importaba que entre muchos golpeáramos a ese tipejo. Al llegar le grité y me abalance sobre él. Comencé a golpearlo con toda la furia posible para después dejarlo retorciéndose de dolor, pude escuchar los pasos apresurados de mis guardaespaldas, sin voltear a verlos les grite que vigilaran al sujeto. Me acerque a la chica de manera apresurada, me preocupaba su herida puesto que tenía un golpe en la frente. -Hermosa  tranquila, estás a salvo.- Le digo de manera suave pero observo que su rostro pierde color y su herida es profunda y que entre el susto y todo no entienda lo que digo. -Hermosa, ya estás a salvo, te llevaré al doctor, está bien.- La observo fijamente y ella a mí, es como si pudiera desnudar mi alma con solo una mirada, esa mirada que me hizo estremecer. Pero antes de poder reaccionar ella perdió el conocimiento. Trate de hacerla reaccionar pero al final cerró sus ojos. Con el corazón casi saliéndose de mi pecho por la preocupación la cargue en mis brazos, de un momento a otro se acurrucó más en mi pecho. Me dio una sensación de paz, mi corazón se sentía completo, y aunque fue bastante extraño, se sentía bien.
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