Les tomó un poco más de dos horas y media llegar a Fiskardo. Sentados en uno de los restaurantes del puerto, mientras Ezio logra conectar nuevamente el aparato que le sirve para rastrear la señal del dispositivo que tiene instalado el móvil de Adara, Karl decide tomar algo fuerte que le permita sobrellevar y de ser posible adormecer la revolución de emociones que se le agolpan entre pecho y estómago e involuntaria y constantemente lo obligan a llevarse las manos al rostro como buscando espantar ese sentir de tantas emociones arropadas por la desesperación de querer encontrarla y asegurarse no solo de que está bien sino también que más nunca volverá a perderse de su alcance. - Karl –llama su atención Ezio-. - ¿Ubicaste algo? –Le pregunta ansioso-. - Sí, el identificador
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