Siguiendo las órdenes de Karl, apenas Adara hizo acto de presencia en la entrada del edificio donde está ubicado su lugar de trabajo, Angelo la abordó para no darle tiempo a que fuera a hacer algo que alterara a su jefe. - Buenas tardes señorita Adara –le dice abriéndole la puerta de la camioneta-. - Buena tardes Angelo –le dice subiendo a la parte posterior-. Sabiendo cuál sería su lugar de destino, Adara se recostó en el asiento para relajar el cuerpo. En el transcurso del día tuvo tiempo suficiente para resignarse a aceptar por ahora los mandatos de Karl hasta no estar segura de las razones de Oberto para insistir en que se aleje de él. - Vamos directo a la casa señorita –le dice Angelo sacándola de sus pensamientos-. - ¿A cuál casa?, ¿la mía? –sabe a qué se

