Jetzabé. Han pasado tres largos días desde que Isaac se fue, tres días en que Samuel se sintió fatal y en más de una ocasión pensé que lo perdería. Ahora estoy aquí, sentada junto al viejo sillón de la sala observando como Samuel duerme plácidamente. Mi mirada lo recorre de pies a cabeza, centrándome en su rostro, en como sus largas y tupidas pestañas acarician sus pálidas mejillas, en como aquellos horribles hematomas cubren su piel, más no son suficientes para opacar su masculina belleza. Sin resistirme acaricio su mejilla y él abre lentamente los ojos en respuesta, sumergiéndome en aquel oscuro abismo que son sus ojos negros. Samuel esboza una leve sonrisa, su semblante luce mejor y me siento tan jodidamente feliz de tenerlo a mi lado. Al menos no estoy sola enfrentando este maldito i

