Fue como si una fuerza invisible me hubiera estado reteniendo, porque en cuanto sonó el disparo y el cuerpo inerte de Luis cayó mi cuerpo reaccionó. Me lancé al suelo junto al cuerpo de Luis, sabía que ya estaba muerto, ¡Por dios! Le había volado los sesos, pero aún así me acerqué a él. Sentí que una amargura inmensa me inundaba. Volvía a doler como la vez anterior que había pensado que estaba muerto, solo que esta vez sí era de verdad. Quería llorar, necesitaba desahogar la tristeza y el dolor que se estaba acumulando dentro de mí, pero la rabia no me dejaba. Era más fuerte el odio y el deseo de acabar con Andy de una vez por todas que el sufrimiento que me ocasionaba la muerte de Luis. En el rostro de Andy se notaba como estaba disfrutando de la situación. Era un verdadero mounstro.

