Los libros.

1538 Palabras
El regreso a casa fue diferente, la conversación con Alek estaba pendiente sin importar cuánto mirara la vegetación a mi alrededor. Al cabo de unos minutos Alek se detiene de golpe obligándome a mirarlo. ─Katherine tenemos que hablar... ─Ya lo sé pero no quiero que sea ahora, es muy pronto. ─Ahora es cuando tenemos que investigar todo lo que pasó ese día. ─Solo dame una semana... ─¿Porque quieres esperar? ─Por que quiero algo de normalidad, quiero poder acoplarme a estar aquí sin ella... ─De acuerdo, una semana. ─Gracias ─susurro apartando la mirada. ─No me des las gracias, solo es una semana y después de eso comenzaremos los dos con esto. Respiro hondo y entonces continúo caminando hacia el edificio donde ahora vivo. Llegamos rápidamente así que después de saludar a Angus me paso directa al ascensor con Alek siguiéndome los pasos. Entramos al departamento en silencio, Alek se va a su habitación y yo me dirijo a la sala, enciendo la pantalla plana pasando los canales mientras me recuesto en el sofá más grande. Las noticias solo informan sobre el nuevo presidente y algo sobre el clima, el siguiente canal es una entrevista a una periodista que casi fue asesinada. ─Estaba siguiendo los movimientos de un cartel que ha llegado a Estados Unidos cuando fui secuestrada por unos matones, pude enviar un mensaje con mi celular así que seguro eran novatos ─explica con lagrimas que desbordan falsedad─. Espero poder descubrir más sobre ellos y atraparlos... Es una tonta. Harán que la maten. El nombre de la reportera es Sylvie y algo, paso el canal hasta llegar a una película que me guste, están pasando un maratón de Crepúsculo. Cubro mis piernas con una manta rosa y me relajo mirando las películas. Escucho a Alek saliendo de su habitación pero no se acerca a mí sino que se mueve por el departamento y vuelve a encerrarse. Una llamada me obliga a apartar la mirada de la pantalla, el nombre de mi padre me hace tomarla. ─Hasta que te comunicas ─espeto con seriedad. ─Hija, tienes que cuidarte. No hables con nadie y no le cuentes a nadie sobre nosotros ─habla con rapidez y no me deja hablar ya que continúa─. Mañana se depositará un dinero en tu cuenta y tendrás que sobrevivir con eso durante el periodo que estés allá, yo te llamaré cuando puedas volver mientras tanto cuídate. ─Papá... ─No podrás contactarme. La llamada se corta antes de que pueda añadir algo más, salto del sofá lo más rápido que puedo y voy a la puerta de Alek. Golpeo su puerta con fuerza tantas veces que cuando se abre me encuentro golpeando su pecho desnudo. Cierro los ojos con fuerza y giro evitando ver a Alek semidesnudo. ─Ponte ropa ─pido en un susurro. ─¿Que pasa? Estás golpeando la puerta como una lunática. ─Mi padre me ha llamado. La puerta se cierra pero los nervios no me dejan, camino de un lado a otro hasta que se abre nuevamente dejándome ver a Alek vestido con ropa informal. ─¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? Dame el número. ─No dijo mucho, algo de un dinero mañana y que no lo llamara... ─El número, dámelo ─ordena plantando su mano frente a mí. ─Ten ─suelto mi celular en sus manos. Revisa las llamadas recientes y marca el número del que me ha llamado mi padre pero se va directo al buzón de voz. Copia el número en su celular pero pasa lo mismo. Arroja los aparatos al suelo con furia pero pronto me mira de nuevo con algo que no logro comprender. ─¿Qué te dijo? ─Que me cuide, que mañana me enviarán dinero para vivir y que no le cuente a nadie sobre nosotros ─hablo tan rápido que apenas me doy cuenta cuando mi espalda toca la pared. No me había percatado de que Alek estaba dando pasos hacia mí y yo hacia atrás. Nos detenemos con la mirada puesta uno en el otro, él no sabe que hacer o que decir y yo no tengo idea de porque reacciona de esta manera. ─¿Qué pasa? ─pregunto en un susurro. ─No me ha habido noticias de Rusia desde que llegamos pero Edmon me acaba de enviar un correo ─explica dándome la espalda─. No lo comprendí hasta ahora pero es una advertencia. ─¿Qué decía? ─Algo sobre unos libros, guerras que no terminan bien... ─¿Libros? ─A veces no se puede enviar un mensaje directo así que lo enviamos en claves. ─Dime el nombre de los libros y tu laptop. ─¿Mi laptop? ─La mía se quemó. ─Eso fue muy extraño, ¿no? ─entra en su habitación pero sale nuevamente veloz. Nos sentamos frente a la pantalla, Alek me da la laptop y yo comienzo con la búsqueda. ─¿Estabas viendo Crepúsculo? ─se burla. ─No me juzgues ─golpeo su brazo. ─Bueno, el primero fue Portland a la ruina. ─Es sobre una guerra debido a un grupo de hombres que querían el territorio del que era el regente. ─Eso habla del norte, es el más fuerte y es muy sabido que Alexei Zhukov quiere el territorio del centro. ─Entiendo... ─El siguiente es Espadas y cruzadas. ─Ese es más complejo, tiene muchas páginas pero todo dice lo mismo ─digo bajando por la web─. Se trata de muchas peleas pero sobre todo es sobre traición. ─Hay un traicionero entre los nuestros. ─No lo dudo, según esto las cruzadas comenzaron cuando un hombre se alió con el bando contrario y comenzaron a difundir secretos sobre las filas. ─O sea que el traidor habla sobre la seguridad. ─El siguiente, dímelo. ─La huida del príncipe. ─Ese es un nombre muy vago, hay muchos títulos y años... ─Lo sé, no entiendo si realmente se refiere a un libro o a ti en peligro. ─¿A mí? ─Sí, aunque debería de ser princesa... ─Dudo que sea eso, creo que deberíamos investigar más ─Alek asiente. Suelto un bostezo, no es tan tarde pero la diferencia de horarios hace que ahora muera de cansancio además de la caminata de hoy fue extenuante. ─Deberías descansar ─dice quitando un cabello de mi mejilla. No puedo evitar mirarlo, sus ojos están fijos en mí. Su mirada es extraña, nunca le había prestado tanta atención y ahora me resulta inquietante de una forma extraña. El gris de sus ojos me atrapa, sus labios son delgados pero me causan curiosidad, ¿que se sentirá tocarlos? Antes de ser consciente levanto mi mano y deslizo mis dedos sobre su rostro, recorro sus facciones. Sus mejillas se tornan rosadas conforme más tiempo pasamos mirándonos, sus labios se sienten suaves sobre mis dedos pero no me atrevo a hacer nada más. Me quedo quieta mientras bajo lentamente mi mirada hacia su labio inferior que se ha separado del superior. Al darse cuenta de dónde está mi atención traga grueso y lame sus labios provocando una reacción en mí un tanto inquietante. Me alejo de inmediato, nunca había sentido algo así. He salido mucho desde que cumplí quince años pero nunca antes he estado tan cerca de otra persona, de un hombre. Mi padre siempre fue muy específico sobre ello, mi castidad tiene que estar intacta para mi boda con el hijo de los Belkin. Claro que ahora no tengo idea de cuando pasará eso pero no voy a hacer nada de nada con mi guardia. ─Me voy a dormir. Alek da la vuelta claramente afectado, no habla. ─Descansa ─susurro con la voz tartamuda. Apenas puedo caminar hasta mi habitación, el sueño se me ha quitado. Cuando escucho su puerta cerrarse en el profundo silencio salgo, busco alrededor pero está vacío así que tomo una chaqueta y salgo a hurtadillas. Cruzo la sala y voy a la salida, abro con cuidado de no llamar la atención y salgo al corredor. Llamo al ascensor, cuando llega entro y pulso el lobby. Iré a preguntar si hay algún gimnasio cerca o en el edificio, con suerte podré entretener mi cabeza con algo más durante mi estancia aquí. Las puertas se abren pero no entiendo que está pasando, hay muchas personas en el vestíbulo y todas están perfectamente arregladas. ─¡Señorita Katherine! ─Angus se acerca sonriente─. Llega justo a tiempo para saludar al señor Zhukov. ─¿Zhukov? ─mis piernas tiemblan. No lo puedo creer. ¿Él es el responsable de la fiesta? ─Sí, la persona que le comenté es el señor Zhukov. ─¿De dónde viene? ─Según tengo entendido viene de una sucursal en Inglaterra aunque no sé con certeza de donde es... ─Angus esto es importante ─lo jalo lo más lejos posible de algún oído indiscreto y vuelvo a la carga─, ¿cómo se llama? ─El señor Zhukov avisó su llegada hoy por la mañana, si gusta podría... ─Angus... ─¿Pasa algo malo? Mierda. Su voz me paraliza, seguro es el jefe de los Zhukov pero no tengo idea de por qué está aquí, me quedo quieta con el terror creciendo. Cierro los ojos con fuerza al tiempo que el hombre detrás de mí camina, escucho sus pasos pero no me atrevo a mirar. ─Señor Zhukov, un placer ─saluda Angus. ─Por favor Angus, dime Elijah.
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