Moras.
Katherine Volkov.
Presiono el botón en mi celular capturando la foto, me veo un poco más blanca de lo normal así que la borro con un gesto de disgusto a lo que Galia responde con un jadeo horrorizado.
─¡Estaba perfecta! ─acusa mirando mi celular.
─Me veía mal.
─Kathy tu siempre te ves bien ─sonríe Iván desde su lado.
Galia golpea al chico en el hombro a lo que respondo con una carcajada.
─¿No viste que la borró?
─Es solo una foto...
Ahora me uno a Galia, ambas estamos indignadas ante su comentario tan fuera de lugar.
─Vamos chicas, no me vean así.
Iván alza sus brazos de forma defensiva.
Solo lleva puesto un short así que su abdomen está al descubierto pero ya que no llama mi atención ruedo los ojos y sigo a Galia con su revuelta.
─¡Yo tengo la culpa por pedirle ayuda a éste!
─En efecto ─asiento.
─Pero no lo he olvidado, borraste la foto ─me señala con su dedo.
─Iré a asolearme un poco, esto pálida ─suelto ignorando su comentario.
Galia niega pero me deja ir y toma su copa.
Iván me sigue hasta la piscina con una sonrisa encantadora, siempre me han dicho que cuando llegue le momento tendré que casarme con él pero Iván lo toma muy enserio ya que siempre está sobre mí.
─Vamos a darnos un chapuzón ─sugiere caminando detrás de mí.
─No Iván, no quiero.
─Por favor Kathy, no seas amargada...
─Si soy amargada sal de mi casa ─suelto de mala gana.
Iván gruñe por mi hostilidad pero continúa caminando hasta que llego a una tumbona, es raro que haya días soleados así que aprovecharé todo lo que pueda. Me pongo mis gafas al tiempo que me recuesto, Iván hace lo mismo a mi lado pero como siempre no puede quedarse callado.
─Mis padres han estado peleando ─susurra con un suspiro.
Vaya, sus padres nunca pelean.
─¿Qué pasa?
─No me lo han dicho pero pienso que están mal...
─¿Crees que se separen? ─pregunto girando hacia él.
Si se separan nosotros no tendremos que casarnos.
─No lo creo, la familia Volkov los mataría.
Sé que está bromeando pero hay un poco de verdad en ello. Sus ojos cafés me miran con cierto dolor, pasa una mano por su cabello rojizo de manera descuidada intentando distraerme pero mantengo el tema.
─Buen punto, ¿que crees que esté pasando?
─No lo sé pero el señor Novikov fue a casa este fin de semana, estuvieron hablando por horas ─informa tomando su copa de un tirón.
─No le des mucha importancia, son cosas de ellos.
Vuelvo a mi lugar pensativa, es muy extraño que el padre de Galia vaya a casa de los Belkin; es bien sabido que las familias tienen muchos problemas entre ellas.
─¿Crees que haya un problema con El Régimen?
El Régimen es como el orden impuesto por la mafia pero es algo de lo que no nos dejan saber todo, mi padre dice que cuando tengamos que asumir nuestras posiciones sabremos de que se trata en su totalidad pero por lo mientras no nos permiten meternos en esos temas.
─No creo que debas andar hablando sobre eso ─espeto recordándole que está prohibido.
─Lo sé pero...
─Sin peros ─digo levantándome.
Voy directo a Galia quién está sonriendo como tonta en su celular, miro de reojo antes de acercarme por completo sorprendiéndome al ver un perfil de i********: con un montón de fotos de Alek Komarov.
─No me digas que sigues a mi guardia ─chillo en su oído.
Galia salta sobre su taburete sorprendida, esconde su celular y me mira sin saber que decir.
─Nada de eso...
─Galia...
─Muy bien, mira esto...
Me muestra un par de fotos que ha guardado en su galería, vaya. No puedo ver nada más que perfección, un hombre con el abdomen perfecto y unos brazos tan musculosos que seguro podría cargarnos a ambas sin esfuerzo. Un rastro de tatuajes se dibujan desde su cuello hasta la V en la parte baja.
Miro la foto sin pudor hasta que me percato de que es nada más y nada menos que mi guardia, Alek. Pasa la foto y me muestra otra donde se ve claramente su rostro, la verdad es que no puedo negarlo. Ese hombre tiene lo suyo, su mirada grisácea te atrapa y su cabello n***o te incita a tocarlo. Un escalofrío me recorre al darme cuenta que he estado babeando sobre la foto de un empleado.
─¿De dónde has sacado eso?
Me alejo sentándome frente a ella y hago una seña al sirviente haciéndole saber que quiero otra copa.
─Le pagué a el hijo de Igor para que buscara...
─¿Tu padre sabe que hiciste eso? ─carcajeo imaginando a Yerik hablando con Galia.
─¡Por supuesto que no! No vayas a hablar.
Se inclina hacia mí con una mirada amenazante que solo me hace reír aún más.
─Galia, te aprovechaste de Yerik ─río más fuerte.
─No es cierto, le pagué ─acusa.
─Sí pero ambas sabemos que ese niño está loquito por ti desde que se le para.
Galia se sonroja de una forma encantadora, sus ojos verdes contrastan con el tono de su piel haciéndola muy hermosa; comprendo a Yerik. Mi amiga se encoge de hombros como si nada y toma de su copa.
─No tengo idea de que hablas.
Carcajeo y ella no tarda en unirse a mí.
─Señorita, no había de fresa así que le traje mora azul ─escucho a mi lado.
Miro hacia la mujer que trae mi copa, el contenido azulado me hace saltar hacia atrás aterrada. Mi amiga al ver la situación me imita aunque ella no tiene problemas en acercarse.
─¿Estás loca? ─mi amiga está histérica.
─¿Qué pasa...?
─¡¿Es que la quieres matas?!
Galia se acerca dispuesta a tirar la copa lejos pero antes de que lo logre una mano se posa sobre su brazo, es Alek y puedo ver lo molesto que está.
─¿Qué pasa aquí?
─Despídela ─ordena mi amiga mirando al hombre a los ojos.
Alek entrecierra los ojos mirándola fijo, hasta yo puedo saber que ellos dos traen algo. La suelta al tiempo que gira hacia la mujer, mira la bebida en sus manos y gruñe tomándola de los hombros y llevándosela.
Galia y yo nos miramos y como si nos leyéramos la mente caminamos detrás de ellos, Alek la lleva adentro de la casa pero no avanzan mucho ya que la detiene en el corredor que da a la sala de estar.
─¿Tienes idea de lo que has hecho? ─cuestiona con la mandíbula tensa, esta furioso.
─No...
─¡Katherine Volkov es alérgica a las moras, Nadia!
La chica se sobresalta al igual que Galia y yo, nunca había oído a Alek gritando. A juzgar por como se miran es obvio que se conocen y la tensión de mi amiga me asegura que ella también se ha dado cuenta.
─No lo sabía...
─Esto es causa de despido.
─Alek...
─¿Sabes lo mucho que me costó que entraras aquí?
Así que está aquí por él, vaya.
─Lo sé, por favor...
─Yo lo soluciono, vete a la cocina y no salgas de ahí hasta que yo te lo ordene.
La chica asiente y se da la vuelta.
Jalo a Galia para que no nos vean y la llevo hasta la mesa donde hablábamos antes. Me mira apenada y guarda su celular con cierto dolor, maldito Alek. Ni siquiera sé que pasa pero Galia está muy mal por su culpa.
Alek entra de nuevo a la piscina, se acerca a nosotras y habla más calmado.
─Señorita Volkov, le debo una disculpa...
─Tú no ─espeto de malas─, la mujer me debe una disculpa y su renuncia.
─¿Podría pedirle como favor personal que no la despida...?
─¡Tienes que estar de broma! ─me levanto haciéndole frente─. Esa mujer me intenta matar y tú la defiendes.
La diferencia de altura debe causar gracia ya que el debe medir casi dos metros mientras que yo apenas alcanzo el metro sesenta.
─La chica no sabía que...
─Galia, es tu decisión ─sonrío mirándola─. ¿Se queda o se va?
Galia niega distraída.
─Se va entonces.
Alek se acerca a mi amiga y le pide su mano, Galia duda pero no le da la mano sino que se levanta sola y lo mira molesta.
─Por favor ─susurra Alek.
─Ja, la servidumbre implorando ─escucho a Iván decir detrás de Galia.
─No seas idiota, Iván ─dice mi amiga mirándolo.
─Mejor piérdete ─ordena el chico tomando la copa de mora de la mesa.
─¡Vete de mi casa! ─grito dejando a todos en silencio.
─Ya escuchaste guardia, vete.
─Iván, largo ─aclaro.
─Nena, vamos...
Se acerca peligrosamente, acaba de tomarse una copa de mora azul ¿como se atreve? ¿es que ni siquiera se acuerda?
─Ni se te ocurra acercarte a mí.
─Nena...
Se sigue acercando pero cuando está a punto de tocarme Alek se interpone.
─Te ha dicho que te vayas.
─Es mejor que te quites guardia de quinta.
─Váyase, joven.
Vaya, es muy educado.
Iván espera que le diga algo pero me mantengo en mi lugar con la mirada fija en él, no puedo creer que de verdad no se dé cuenta de lo que ha hecho. El pelirrojo sale a toda prisa, indignado a más no poder.
─Iré a bañarme ─informo dejando a mi amiga a solas con Alek.
Galia me lanza una mirada amenazante mientras que mi guardia solo la mira con una expresión que no entiendo, sospecho que ellos dos saben como tratarse. Camino hasta mi cuarto trayendo conmigo a Husky, mi perrita.
Recuerdo cuando papá me la regaló hace seis años, me dijo que era de un r**a del norte de Rusia llamada Husky así que se quedó con ese nombre.
─¡Husky! Ven.
En el momento en que la llamo corre hacia mí moviendo la cola de un lado a otro mostrándome su felicidad. Sonrío mientras subimos las escaleras pero no puedo evitar que mi mente viaje nuevamente a la extraña pareja en mi piscina.
Alek no es un hombre que se pueda considerar digno para mi mejor amiga en el mundo en que vivimos, Galia tendría que renunciar a su posición para poder vivir como una persona normal y poder tener la pareja que quisiera pero eso haría un desastre en El Régimen.
No creo que Galia tenga siquiera la opción.
En todo caso Alexei Novikov mandaría a eliminar a Alek para acabar con aquella relación imposible, que horror. Tengo que hablar con Galia.
Ya en mi habitación suspiro mirándome al espejo, estoy hecha un desastre. Mi cabello está hecho una maraña, mis ojos están negros por el maquillaje corrido y mi piel esta ligeramente irritada. Me dirijo al baño dispuesta a darme una ducha, está noche es el cumpleaños de Galia y no puedo dejar que nada lo arruine.
Cuando Gali esté conmigo en el Palace y vea mi sorpresa seré la chica de la mafia más feliz del mundo.