Capítulo XXIII Camino de espinas y dolor

2129 Palabras

Aurora abrió los ojos de golpe, se enderezó en la cama, sentía que no podía respirar. Miró alrededor, la puerta del balcón estaba cerrada, la habitación estaba en penumbras, algunas lámparas iluminaban. Se sentó al borde de la cama, ahogó un sollozo, para no despertar a Emil. Se sentía mal, su cabeza daba vueltas, no entendía que sucedía en su mente, algo andaba mal, algo que no podía comprender. Temblaba. No sabía que era esa presencia que aparecía en sus sueños ¿Acaso estaba enloqueciendo? Se acurrucó en un rincón de la cama, intentando calmar el frío que le causaba el miedo. Emil despertó temprano, encontró a Aurora dormida en un rincón, hecha ovillo, la acercó para que pudiera extenderse, y estuviera a gusto, tocó su frente para descubrir que tenía fiebre. Llamó a Lucrecia, le pidió

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