—¿Por qué saliste sola al bosque? ¿Acaso no sabes que es peligroso? —exclamó con reproche, Aurora pasó de largo, dejándolo atónito, frunció el ceño entre la rabia y el estupor. Unos empleados aparecieron, pero al ver a la señora se marcharon—; ¿Qué demonios te pasa ahora? Aurora detuvo su andar, se giró a mirarle, se notaba molesta, la boca fruncida y su ceño arrugado la descubría —A mi no me pasa nada —dijo, mientras caminaba, Emil negó con la cabeza, frustrado. Volvieron a la casa. Aurora subió a la habitación, apenas ingresó se metió al cuarto de baño. No salió por un largo tiempo. Tomó un baño caliente. Lloraba. «No siento nada por él. ¡Lo odio! Yo solo amo a Rhys, siempre voy a amarlo a él. No siento nada por Emil Villar» pensaba una y otra vez, mientras el dolor golpeaba su alm

