Capítulo XXIV La rebelión de la mansa

1679 Palabras

—¿Por qué saliste sola al bosque? ¿Acaso no sabes que es peligroso? —exclamó con reproche, Aurora pasó de largo, dejándolo atónito, frunció el ceño entre la rabia y el estupor. Unos empleados aparecieron, pero al ver a la señora se marcharon—; ¿Qué demonios te pasa ahora? Aurora detuvo su andar, se giró a mirarle, se notaba molesta, la boca fruncida y su ceño arrugado la descubría —A mi no me pasa nada —dijo, mientras caminaba, Emil negó con la cabeza, frustrado. Volvieron a la casa. Aurora subió a la habitación, apenas ingresó se metió al cuarto de baño. No salió por un largo tiempo. Tomó un baño caliente. Lloraba. «No siento nada por él. ¡Lo odio! Yo solo amo a Rhys, siempre voy a amarlo a él. No siento nada por Emil Villar» pensaba una y otra vez, mientras el dolor golpeaba su alm

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