Emil entró en la habitación, Aurora estaba por meterse a la cama, cuando el hombre se acercó intempestivo a ella —Aurora, ¿Sabes que la discreción es una virtud? —ella estaba sorprendida, dijo que sí con rapidez—. Escuché la naturaleza de tú conversación con Peggy —los ojos de Aurora se volvieron enormes —Yo no quería decir nada… —Lo sé, quería decirte que los temas de cama se deben quedar aquí, en nuestra cama, ¿Entiendes? —dijo con voz dulce —Sí, lo entiendo —Emil besó sus labios con desenfreno, comenzó a quitarle el camisón—. Pero, ¿Y si nos escuchan? —preguntó preocupada, él sonrió con lujuria —Que lo hagan, déjalos, que se retuerzan de envidia —la hizo caer en la cama, mientras la colmaba de caricias ardientes, hasta hacerle el amor. Seguro nadie los escuchó, la noche les resultó

