La cara de Ali pasó de estar pálida a tornarse completamente roja en tan solo un segundo. Quedó tan shockeada que perdió el equilibrio al retroceder instintivamente. Pero antes de caer al suelo, una mano en su cintura detuvo su caída y como acto reflejo ella se sujetó de su hombro. Sus miradas se cruzaron. Y en ese instante, Ali tuvo la extraña sensación de haber visto alguna vez aquellos bellos ojos grises. -¿Te encuentras bien?-preguntó. Si no fuera porque habló, ella se hubiera quedado hipnotizada bajo los encantos de aquella mirada. -¡Rayos! ¡No puedo ser tan babosa!-se regañó. Rápidamente se apartó de él. -Sí.-dijo acomodándose el vestido.-Gracias.-apartó su vista. -¿Por detener la caída o por aquella noche?-sonrió traviesamente. Ali nuevamente se quedó en blanco. -Supongo

