Mientras la arreglaban, Ali se veía en el espejo gigante que tenía enfrente y pensaba en lo ridícula que se veía con aquel vestido blanco. Las mangas largas, el cuello alto y el corte de falda hasta la rodilla, la hacían ver como recién salida del convento. Pero lo que más le parecía el colmo era aquel moño gigante sobre su cintura. Como si no fuera suficientemente obvio el hecho de que sería regalada a un hombre extraño. -¿Hacía falta que me vistieran así?-cuestionó por dentro.-Ya es malo que me regalen a un extraño, pero que luzca como un regalo es demasiado.-siguió pensando. Miró su cara con apenas unos retoques de maquillaje encima. Era totalmente diferente a la chica que había ido a aquel club unos días atrás. -Parezco una menor de edad.-siguió criticando.-A veces no entiendo los

