Capítulo 5 - Una esposa trofeo

1142 Palabras
Salvada por la visita, Ali tomó el regalo y se despidió educadamente para dirigirse a la sala de espera. No esperaba que la persona que la buscara fuera Jilly Jones, una conocida de su adolescencia que no veía hace varios años. Para ser más exactos, desde que se casó con Jonas Burns no tuvo más noticias de ella. -¿Jill?-llamó con dudas. -Ali.-respondió la joven rubia.-Me alegro mucho de verte.-caminó hacia ella y la abrazó. -Yo también.-devolvió el abrazo.-¿Cómo has estado estos años? Por un momento Jilly no supo qué responder, pero rápidamente escondió su tristeza. -Bien.-la soltó.-¿Tú cómo has estado? Escuché que te has graduado. Felicidades.-sonrió sinceramente. -Gracias. Vayamos a fuera a hablar ¿si?-propuso. En el jardín, dos bellas mujeres se encontraban tomando el té al estilo inglés.  -No te preocupes, Terry está vigilando el perímetro. Así que podemos hablar tranquilas.-aseguró Ali.-Hace años que no nos vemos.-inició. -Sí, desde que me casé ya no nos vimos.-se estremeció. -Y ....¿A qué debo tu visita?-cambió de tema. Le sorprendía mucho su repentina aparición.  -Yo..yo. Quería verte. Apenas supe que volvías, enseguida me vine. Lamento no haber ido a visitarte estos años cuando estabas en la universidad.-se apenó.-Era difícil que me… -Lo entiendo. No te preocupes.-consoló. Ali realmente comprendía su situación. Pues las mujeres, una vez casadas, debían ser completamente debotas, fieles y obedientes a sus esposos. No podían contradecirles, no seguir sus reglas y tampoco hacer algo sin el permiso del hombre de la familia. -Mírate ya estás graduada en la mejor universidad del mundo. Debiste haber pasado unos increíbles cuatro años. Seguramente fuiste a muchas fiestas alocadas, conociste personas interesantes y hasta hiciste cosas grandiosas, ¿no?-sin darse cuenta sonrió mientras imaginaba dichas escenas.-Lamento no haberte escuchado. Lamento haberte dicho esas cosas.-se entristeció. -Jill dejemos las cosas en el pasado. Nunca te he culpado… -No merezco tu bondad.-interrumpió.-Lo lamento por ti y por mí misma.-dijo afligida.  Ali y Jilly no  eran conceptualmente mejores amigas, pero se entendían mutuamente, pues vivían en las mismas condiciones. Cuatro años atrás, cuando terminaron la escuela secundaria, las familias de ambas comenzaron a arreglarles el matrimonio. Sin embargo, Jilly en ese entonces estaba perdidamente enamorado de un joven ayudante de cocina que trabajaba en su mansión. Ella no quería casarse con nadie más que con él. En la desesperación, acudió a Ali quien fue la única que le dio una mano en dicha situación. Desafortunadamente, en aquel tiempo, la compañía de la familia de Jilly sufrió una gran pérdida económica. Por lo que estaban a punto de entrar en la bancarrota. Sin otra opción, ella terminó aceptando el compromiso con Jonas Burns, el heredero del imperio petrolero Burns, quien  de buena reputación no tenía nada. No solo era mujeriego, tenía hijos no reconocidos por todo el mundo, sino que también tenía un muy mal carácter. A pesar de todo ello, Jilly se casó con él para salvar la fortuna de su familia, enterrando para siempre el amor que sentía por aquel joven. -Jill…-Ali tomó su mano tratando de consolarla de algún modo. -No tienes que decir nada. Debí haberte escuchado.-sus ojos se humedecieron.-Sabía que había muchas incoherencias en todo aquel asunto de la quiebra, pero aún así no quería aceptar que fuera mi propia familia quien me empujará al abismo.-contenía sus lágrimas. Ali le alcanzó unos pañuelos. -Tampoco tenía el valor ni el coraje de escapar. Sé que habías preparado el plan perfecto. Confiaba en ti completamente. Pero no en mí misma.. En el momento de escapar, tuve miedo. Tuve miedo de lo que me esperaba a futuro. Siempre tuve todo, no estaba lista para vivir una vida sin nada. No sabía si podría sobrevivir en un mundo sin llevar el apellido Jones ni su fortuna. No sabía si él me querría aún sin la riqueza que tenía.-el agua finalmente cayó por su bello rostro. -No te culpes.-ella la abrazo fuertemente.-Eras pequeña aún. -Me arrepiento de esa decisión.-se lamentó.-Desde el momento que dije sí a la propuesta no hay un solo día que no me arrepienta. Ojalá hubiera sido un poco más valiente. No sabes cómo la he pasado todos estos años.-se estalló en llantos. Ali no sabía qué más decir. Solo acariciaba sus cabellos tratando de consolarla. No importaba lo que dijera, nada serviría.¿Cómo era posible alentar a alguien que ya había perdido toda esperanza?  E inmediatamente se puso a pensar que si no tomaba las riendas de su destino, tal vez terminaría de ese modo. Luego de llorar un buen rato, Jilly comenzó a calmarse. -¿Cómo te sientes ahora?-preguntó Ali. -Mejor.-respondió su amiga secando sus ojos.-No recuerdo cuál fue la última vez que actúe de este modo. Discúlpame.-se avergüenzó. -No tienes que pretender enfrente de mí.-confortó.-Sabes que siempre puedes contar conmigo.-sonríe. -Gracias Ali.-le toma la mano.-Venía con la intención de verte y mírame ahora. Parezco salida de un funeral. -Pues a decir verdad sí.-bromeó Ali. Su comentario logró hacerla reír. Hace tanto que no reía…. -Me alegro mucho haberte conocido. Eres lo único que agradezco de haber nacido en una familia rica.-dijo Jilly -También me hubieras conocido si fueras hija de alguno de nuestros empleados. Les agrado mucho a ellos.-siguió bromeando la joven. -Es cierto. Tú eres un sol. -se rió su amiga. -Verdad que sí.-afirmó exageradamente. -Ali.-de pronto dijo.-Además de visitarte y saber de tí, vine también para decirte algo.-pausó.-Estoy embarazada. La sonrisa de Ali se congeló por un segundo. No sabía si felicitarla o sentir lástima por ella. -Mi matrimonio con Jonas no es el mejor de todos. Sé que soy solo una esposa trofeo que puede presumir enfrente de los demás. Pero solo soy eso, no más.-decía sin ninguna expresión.- Él no me ama ni yo a él. Y ahora que estoy embarazada, estaré atada a él de por vida.-bajó la vista.- Pero por él.-tocó su vientre.- Aguantaré todos los sufrimientos.-sonrió. Ali se sentía mal por ella. El hijo en camino se volvió su única esperanza de seguir viviendo. Pero luego de meditarlo, era mejor que no tener ninguna razón para vivir. -Eres más fuerte de lo que crees.-apoyó su mano en su hombro.-Nunca lo olvides.-dijo Ali. Esa noche, Ali no podía dormir ya que al día siguiente sería presentada a su prometido. Pensar en su amiga Jilly, la hacía temer más por su destino. No quería tener esa vida, no quería ser una ofrenda, no quería ser infeliz.  Luego de dar miles de vueltas en la cama, finalmente se decidió: iba a sabotear aquel compromiso. A la mañana siguiente, toda la servidumbre estaba haciendo los preparativos para la visita de su futuro esposo. -Eiden Munch.-leyó en el celular.-Heredero del imperio Munch.-continuó con el titular de la noticia. -Con que este será mi esposo.-pensó.-Vamos a ver si realmente quieres casarte conmigo.-sonrió maliciosamente.
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