Mientras iban de camino al aeropuerto, Ali aprovechó para intentar tomar una pequeña siesta después de su alocada noche.
Jamás había imaginado tener este tipo de encuentro y mucho menos con un completo extraño. Ni siquiera sabía su nombre. Más allá de ello, tenía que admitir que ese hombre sí que sabía complacer a las mujeres. Era muy bueno en la cama, pues le había hecho sentir sensaciones que no sabía que tenía. Definitivamente la mejor noche que podría haber tenido.
De igual modo, ya no importaba. Disfrutado el último momento de libertad, ahora tenía que volver a su vida de prisionera con lujos.
Aún sin poder conciliar su sueño, se quedó pensando en: ¿qué pasaría si su prometido supiera de que ya no era virgen? ¿Qué sucedería si su padre se enteraba de su acto de imprudencia y locura?
Probablemente sería su infierno, pero pasado ello, tal vez tendría la libertad que más anhelaba.
-¿Algún día podré vivir la vida que yo quiero?-se preguntó cuando abrió los ojos.
-Te ves fatal.-comentó Terry mirándola a través del espejo retrovisor del auto.
-Vuelvo a esa mansión. ¿Crees que debería verme bien?-cuestionó.
Él se quedó en silencio y suspiró. A pesar de ser la mano derecha del señor Rossy, Terry siempre miró con otros ojos a la pequeña Ali. Para él no solo era la hija de su jefe sino una hermanita que debía proteger. Conocía perfectamente el ambiente en que se movía, sabía muy bien que no vivían tan espléndidamente como aparentaban, sobre todo las hijas. Por esa misma razón, sentía lástima por Ali, quien no tenía el derecho ni el privilegio de elegir lo que quería.
-¿Sabes cómo debes comportarte cuando lleguemos?-dijo luego de un largo rato.
-No hace falta que me lo recuerdes.- respondió fastidiada mientras miraba el paisaje de la ventana.
-Bien. Es bueno que lo sepas.-no dijo más.
Después de todo, eran las últimas horas antes de llegar. Por eso no comentó nada acerca de su mala actitud.
-Lo siento Terry. No dormí bien.-se sintió mal por descargarse con él.
-Esta bien. Trata de descansar ahora.-aconsejó.
-Lo intenté. Pero..-suspiró.
-En ese caso, ten.-le pasó una caja de croissants que tenía en el asiento delantero.
-Son de Bakery.-sus ojos se abrieron al ver que eran de su tienda de desayuno favorita.-Pero ellos no abren tan temprano, ¿cómo…
-Tengo mis encantos.-le sonrió.
-No sabía que los tenías.-bromeó.
Y ambos se rieron.
A Ali le gustaba mucho que Terry la consintiera. Fue la única cosa que extraño en estos cuatro años…..
-------------------------------------------------------------------------------------------------------
Luego del agotador viaje en el avión, finalmente llegaron a la inmensa mansión Rossy, donde dos largas filas de mucamas la recibían.
-Bienvenida señorita Rossy.-dijeron en coro cuando Ali salió del auto.
Ella forzó una sonrisa amable y camino por el medio de ellas.
Llegada a su cuarto, cerró la puerta y lo primero que hizo fue tirarse en la cama. Durante el vuelo apenas durmió y ahora moría de cansancio. Sin embargo, antes de que pudiera cerrar los ojos, alguien tocó la puerta.
-Señorita Rossy, su madre la espera en el primer piso.-avisó una mucama.
La señora Rossy o más bien Linda Carter, era su madrastra de treinta y cinco años. Una persona difícil de lidiar pero no tanto como su padre. Era una mujer falsa, hipócrita, dramática, envidiosa y vanidosa. Aprovechando sus bellos atributos faciales y su cuerpo perfecto, pasó de estar solo en la cama de su padre a ser la nueva señora Rossy hace seis años atrás. No era para nada una mujer fácil, pero para la suerte de su hijastra, la inteligencia no era un rasgo distintivo de ella.
Ali respiró profundo y se despidió de su cama. Antes de abrir la puerta se retocó rápidamente la cara para que no se le notara el cansancio del rostro. Probó unas muecas de sonrisa hasta dar con una que sí parecía convincente y salió de su habitación. Siguió a la joven empleada a la habitación principal de aquel piso.
En el amplio cuarto yacía una mujer elegante sentada con las piernas cruzadas en el sofá. Ella estaba tomando un sorbo de té. La delicadeza de su movimiento solo resaltaba lo refinada que era.
-Madre.-se anunció ella.
-Ali.-dijo alegremente.-Finalmente estás en casa. No sabes lo mucho que te hemos extrañado.-exageró sus expresiones.-Ven, siéntate a mi lado.-dió unos golpecitos en el sofá.
Ali manteniendo su falsa sonrisa se sentó a su lado.
-¿Cómo estuvo el viaje? Me imagino que fue cansador.-se auto respondió.
-Lo fue un poco.-respondió ella.
-Lamento no haber ido a tu graduación. Estaba demasiado ocupada. Tú sabes las cosas de la casa y de Julian -se excusó.-Pero te he preparado un hermoso regalo de graduación. Amanda ve a traerlo.-ordenó.
Unos segundos después la tal Amanda trajo una enorme caja color bordó.
-Vamos ábrelo.-decía ansiosamente.-¿Te gusta?
Era un vestido color crema con encajes. Venía con mangas largas y un enorme moño en la parte de la cintura. Ali calculó que dicha prenda le llevaría hasta la rodilla.
-Es bonito.-mintió.
Claramente no encajaba con sus verdaderos gustos. Con ello puesto, no solo se vería anticuada sino que parecería una ofrenda de sacrificio o algo por el estilo.
-Me alegro mucho de que te guste.-chillo su madrastra.-Le dije a tu padre que te vistieras con esa preciosura para el primer encuentro con tu prometido.-decía emocionadamente.
Ali, por fuera, sostenía una sonrisa. Sin embargo, por dentro la estaba insultando con las palabras más groseras que conocía. Ella sabía que Linda tenía intenciones de ridiculizarla como de costumbre.
Avergonzarla y humillarla era su máximo entretenimiento. Después de todo, ella misma no se defendía ni contraatacaba, pues, tenía que pretender ser una chica inofensiva ante los ojos de los demás.
A pesar de ello, Ali sabía que su madrastra la veía también como una amenaza a la herencia familiar. Ya que de no ser por ella, su pequeño hijo Julian podría recibir toda la fortuna una vez que su esposo muriera.
-Gracias madre.-fue lo único que se le ocurrió decir.
-Bueno ahora hablemos entre mujer a mujer.-sonrió exageradamente.
-Querrás decir entre mujer y mujersuela.-pensó Ali.
-¿Estás ansiosa por ver a tu futuro esposo?-finalmente dijo.
En la mente de Ali se formularon numerosas respuesta posible ante la pregunta. Pero antes de que pudiera escoger una, el anuncio de una visita inesperada la salvó.