Mientras bailaba perdidamente, dos hombres se le acercaron con la intención de ligar. Más allá del estado de ebriedad que Ali tenía, aún podía reconocer los deseos carnales de aquellas personas. Dejó que bailaran a su lado hasta que uno de ellos comenzó a manosearle el trasero. Allí terminó la diversión. Pues los dos excitados no despertaban en ella ningún apetito s****l, por ende, no había necesidad de seguirles el juego.
Ella sujetó aquella mano pervertida y sin pensarlo se la dobló.
-¡Maldita!-gritó esa persona.
-¿Qué haces?!-se alarmó el otro.
-Jugando con tu amigo.-ella sonrió traviesamente sin soltarle la mano.
Terry le había enseñado bien las maniobras. Pues él se había encargado de entrenarla en defensa personal no porque fuera orden del señor Rossy sino por la insistencia de su hija que tenía buenos argumentos para aprender.
-Su...su..suéltame.-súplicó él.
-Con gusto.-lo liberó y se alejó triunfantemente de la multitud.
-Idiotas. ¿Por qué arruinan mi noche?-pensaba a medida que se dirigía a la barra de tragos.
Con los tres tragos que pidió, esta vez sí que se sentía mareada. Usando todas sus fuerzas caminó hacia el baño.
-Esta vez sí que me pasé.-se dijo a sí misma mirándose en el espejo.
El cabello de colores llamativos y el exceso de maquillaje la hacían ver una persona completamente diferente a la de costumbre. Pero le gustaba.
De regreso a la pista, las dos personas ya no se encontraban allí. La gente seguía bailando a su propio ritmo. Era como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, ella ya no quería bailar. Y justo cuando quería ir a buscar a sus amigos chocó contra el pecho robusto de alguien.
-¿Acaso no mirás por dónde….
Se quedó embobada por el atractivo rostro de aquella persona: ojos grises, pelo castaño, nariz perfecta y labios tentadores. Cada uno de sus rasgos parecían tallados por los mismos dioses. Se veía de unos veinti tantos, no más de treinta. Su apariencia definitivamente le despertaba deseos prohibidos.
-Lamento haberme puesto en su camino señorita.-devolvió una sonrisa delicada.
-Y es todo un caballero.- Ali se rió por dentro.
-Pues sí. Deberías.-respondió ella sonriendo.- ¿Cómo deberías compensarlo?-susurró a sus oídos.
-¿Cómo quieres que te lo compense?-preguntó seductoramente.
-No será la primera persona que me haya cruzado esta noche. Pero ya que es mi último día de pura libertad. ¿Por qué no llevarlo a otro nivel?-una idea peligrosa pasó por su mente.
-Juguemos a un juego entonces.-respondió pícaramente.
En la oscura habitación del hotel más cercano al Holy Club, yacían dos personas besándose intensamente en la cama quién sabe hace cuánto tiempo. Ali se encontraba de rodillas sobre aquel sexy extraño. Al principio era ella quien guiaba los movimientos de sus lenguas, pero luego él tomó el control de la situación. Acercó aún más su rostro sin dejarle espacio y tiempo para que ella pudiera respirar. Su boca estaba siendo invadida por la lengua de aquel buen besador. Ella disfrutaba de aquel beso, pero sentía que en cualquier momento se desmayaría si no tomaba aire. En su intento por escapar, él sujetó su cintura y terminó encima de ella. Sus manos acariciaban sus piernas, mientras él besaba su cuello.
-No…-dijo agitada ella.-En...en el cuello.... no.
No podía quedar con marcas visibles. De lo contrario tendría graves problemas si alguien se enterara de la noche alocada que estaba teniendo.
El hombre sonrió traviesamente como si hubiera recibido un pedido para algo más atrevido. Pasó de besarle la yugular a saborear sus pechos. Y antes de que ella pudiera reaccionar, su mano llegó a sus partes íntimas. Sin perder más tiempo, comenzó a jugar con ellas.
Ante el inesperado movimiento, nuestra Ali soltó un ligero gemido. Era una sensación extraña que se expandía a todo el cuerpo. Pero le agradaba mucho, quería más.
A pesar de tener experiencia ligándose a los hombres, nunca había llegado tan lejos. Ninguna de las veces anteriores había perdido tanto la cabeza como en este momento. Ya era tarde para retroceder. Estaba determinada a llevar al extremo el punto número diez de su lista. De lo contrario, en el futuro sólo podría tener sexo exclusivamente con su prometido que nunca habia visto.
Entonces mientras disfrutaba de su buen servicio, empezó a desabotonarle la camisa.
-¿En serio quieres jugar?-preguntó sin olvidar morder suavemente su oreja.
-¿Acaso...tú puedes aguantarte?-ella pasó su rodilla por aquella zona peligrosa de su pantalón. -Estas...muy duro.-respondió.
Él se rió. No se la imaginaba de esa manera.
-¿Por qué conmigo? ¿Y no con esos dos hombres? ¿Eso no sería aún más divertido?-su mirada juguetona la atrapaba.
-Porque tienes un hermoso rostro.-contestó satisfactoriamente.-Los hombres atractivos merecen una oportunidad mía.
Su respuesta le dió gracia.
-Le agradezco su oportunidad, señorita. No la desaprovecharé.-se quitó la camisa y desabrochó el pantalón.
En la habitación solo se escuchaban respiraciones profundas, gemidos y los movimientos de dos personas teniendo relaciones.
Ali no sabía cuánto tiempo y cuantas veces lo hicieron en esa noche. Pero sí sabía que todo su cuerpo dolía.
-Demasiado extremo para la primera vez.-se arrepintió.
No podía decir qué era peor si la fuerte resaca o el dolor de una noche de sexo desenfrenado. A pesar de sentirse muy mal, debía irse antes de que Terry llegara al campus. Debía aprovechar que todavía no amanecía para quitar todo el maquillaje, la tintura, recobrarse de su dolor de cabeza y volverse nuevamente aquella “niña buena”.
Rápidamente se vistió y se dió cuenta de las marcas que le había dejado en su pecho y abdomen.
-Maldito.-insultó por dentro.
Sin nada más que hacer tomó su bolso y antes de salir de la habitación dejó sobre la mesa abundante efectivo como recompensa de la buena noche que tuvo. Después de todo, su primera vez fue una excelente experiencia.
Miró por última vez a aquel bello durmiente.
-Hasta nunca.-se despidió y se marchó.
Cuando se cerró la puerta, él abrió sus ojos.
-Nos veremos pronto Ali.-dijo.