-¿Ta..tan rápido?-bajó su voz.
-Por supuesto. Los Munch han tomado una decisión en poco tiempo.
-¿Los Munch? Pero, ¿por qué a mí? -preguntó cautelosamente tratando de que su padre no se lo tomara como un cuestionamiento.
Los Munch tenían un estatus social muchísimo más alto que los Rossy. Eran la familia más millonaria y poderosa del planeta. Desde generaciones pasadas habían sido adinerados. Su fortuna era inmensa, tanta que ni despilfarrando dinero se les acabaría. Hacían inimaginables sumas de riqueza sin tener que moverse. Es decir, ninguno de sus miembros realmente tenía que trabajar para mantener la fortuna.
Ellos tenían presencia en todas las grandes compañías del mundo de los diferentes rubros, en las políticas mundiales, en los asuntos sociales y hasta en las mafias más temibles. Básicamente tenían el mundo a sus pies.
Y por esa misma razón Ali no entendía por qué la escogieron a ella. Teniendo tantas opciones mejores, ¿por qué se apresuraron en “comprarla”?
-No necesitas ser modesta en estas situaciones.-mencionó su padre.-Te lo he mencionado varias veces, las personas de nuestras clases buscan esposas buenas y obedientes. Estos dotes son tus mayores ventajas.-explicó.
-Sí. Padre.-contestó su hija guardando cualquier comentario respecto a ello.
-No hagas nada fuera de lugar. Pronto tendrás este gran compromiso. No lo estropees.-advirtió.
-No padre.
-No entiendo por qué no partes hoy. El heredero de los Munch ansia mucho en verte.-se quejó.
Eso le causó náuseas a Ali. Pues entendió el sentido detrás de la frase: su comprador tenía que verificar si el producto (ella) era de buena calidad. De lo contrario podía devolverlo.
Pensar en que su padre usó la palabra “ansiar”, le generó más asco todavía. Podía imaginar lo pervertido que era su futuro prometido.
-Hoy..hoy...es mi último día aquí ... .-sono casi suplicando.
-Bien.-accedió.-La espera aumentará el deseo. Eso es bueno.-comentó.
Ali se guardó las ganas de vomitar.
-Tengo que atender algunos negocios. Mañana por la mañana Terry te llevará de vuelta.-avisó.
Terry era uno de los guardaespaldas de la familia. Era la mano derecha de su padre. Él se encargaba de los asuntos “sucios” que nadie podía hacer. Sin embargo, era el que más le agradaba a ella, dado que no le incomodaba su presencia y además solo se llevaban un par de años.
-Sí, padre.-contestó ella.
Ambos se despidieron.
Una vez lejos, Ali tomó varios respiro para olvidarse las ganas de devolver todo lo que había comido al mediodía.
Tenía un completo rechazo hacia todo el asunto. Creía estar preparada para ello, pero se equivocó. No podía aceptar que su padre tomara una decisión por ella que le afectaría por el resto de su vida.
Desde que nació, ella siempre lo obedeció, siempre fue la niña buena que él quería, siempre hizo lo que le pidió, siempre acató las reglas. Todo eso con el objetivo de recibir la aprobación y el amor de su padre como recompensa. Sin embargo, todo cambió cuando su madre murió apenas ella tenía quince años. Fue allí donde se dió cuenta que su padre solo le importaba a sí mismo, que tanto su madre y ella eran solo objetos que podía explotar al máximo si tenían valor y , caso contrario, desecharlas.
A partir de entonces, dejó de ser tan sumisa e inocente. Comenzó a hacer aquellas cosas que su padre prohibía a escondidas. A donde su padre ni sus secuaces no pudieron ver, ella dejaba de ser la niña dócil y controlable que aparentaba. Jamás la descubrieron porque era sumamente cuidadosa y astuta.
Ese fue uno de los otros motivos por la cual decidió estudiar la universidad lejos de casa. Pues significaba mayor libertad. Y realmente fue la mejor decisión que tomó ya que fueron los mejores cuatro años de su vida. Ali Rossy no era ninguna tonta.
Por dicha razón, también era consciente de lo extraño que era la decisión de los Munch. Casarse con alguno de sus miembros era el sueño de toda persona que anhelaba una vida llena de lujos, veneraciones y prestigio.
Existían familias más adineradas que la de Ali. Los Munch no ganaban mucho con este convenio de lo que sí el señor Rossy. Lo que la llevó a sospechar de que ellos tenían un plan macabro con ella. De lo contrario no podía explicar por qué justo a ella.
Por lo que ahora sentía no sólo rechazo sino miedo. Los Munch eran muy misteriosos. No había mucha información de ellos en los medios, salvo que tenían una gran fortuna. El único m*****o que aparecía en las noticias era Richard Munch, el padre de su futuro esposo. En los programas de variedad se mostraba como un adulto bueno e inofensivo. A muchos les resultaba simpático y agradable. Solo que por alguna razón, Ali tenía la sensación de que tal vez no era del todo así.
Por todas aquellas razones, nuestra protagonista decidió llevar al extremo su lista de últimas cosas. Quería disfrutar al máximo su último día ya que no sabría qué clase de futuro le esperaría al día siguiente.
Después de tomar la última lata de cerveza junto a sus amigos graduados mientras caía el sol, el grupo enteró se puso en marcha para ir celebrar su gran día en el club nocturno más caro y privilegiado de toda de la ciudad, la HolyClub.
Al tercer trago, muchos de sus compañeros ya habían caído al baño o estaban tirados en el sofá de la zona VIP. Pero Ali seguía más lúcida que de costumbre. A pesar de que tenía prohibido tomar alcohol, ya que su padre mandaba a sus guardaespaldas para vigilarla de vez en cuando, sobre todo los primeros años de carrera, sabía cómo ideárselas para salir a escondidas de bar en bar. Así fue cómo durante su estancia en la universidad aumentó su tolerancia al alcohol.
Sin embargo, hoy no planeaba controlarse con la bebida. Quería descontrolarse, quería alocarse, quería vivir el momento.
Entonces luego de mezclar diferentes alcoholes a su bebida, empezó a sentir su efecto. Le costaba mantener el equilibrio. Pero eso no impedía que fuera el alma de la fiesta en la pista de baile. Bailaba al ritmo de la música electrónica, moviendo sus cabellos color arcoiris de un lado al otro y sacudiendo sus caderas de las formas más provocativas posible. Ella estaba disfrutando plenamente de ser ella misma, sin saber, que desde lejos había unos ojos atractivos observando cada uno de sus movimientos.