—Nella…— murmuró él. —¿Qué pretendes? —Nada… —dijo ella con voz inocente. —¿Que estás haciendo de cenar? —Estoy…— dijo él con voz gutural —¿Estás..? —preguntó ella sonriendo al darse cuenta de que estaba provocándolo y él estaba mordiendo el anzuelo. Ella siguió pasando uno de sus dedos por la espalda de Vicenzo de forma que éste se le estaba erizando la piel. Nella aspiró profundamente y soltó el aire. Aquello la estaba poniendo a mil por hora, le excitada, la volvía una presa fácil de los demonios del placer y la lujuria. Por ese hombre que tenía delante de ella, era capaz de quedarse desnuda y abrirse de cuerpo completo. Dejar que se hundirá en ella sin nada que los dividirá, sin pensar en nada más que en ese momento, en ese instante con su esposo. Le sorprendía la carencia de ve

