Treinta

1297 Palabras

Vicenzo retomó el trabajo y se enfocó en moverse despacio, una estocada tras otra, penetrandola cada vez más. Ella sentía los testículos de Vicenzo tocar el comienzo de su v****a, tuvo que reconocer que aquello era magnífico. No pude evitar gemir, se mordió la boca tapándosela con las manos, mientras su cuerpo resbalaba contra el capo del carro una y otra vez, un sube y baja de placer. Vicenzo aceleró más los movimientos y una de sus manos bajó hasta su clítoris y comenzó a masajearlo de manera acelerada. Ella bajó su mano también y sin decir media palabra, buscó su propio ritmo con Vicenzo dentro y sobre ella. —Eso es.. —murmuró de forma gutural. —.. Vamos nena. Déjate ir.. —Ella solo pudo murmurar un sí entrecortado. —¿cómo pude haber sido tan estupido? — susurró él con notorio dolor

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