Treinta y cinco

1421 Palabras

Ella lo pellizcó en el costado y se dio media vuelta comenzando a correr. —¡El que llegue de último paga el almuerzo! —¡Ni siquiera hemos desayunado! —le gritó el comenzando a correr tras ella. Antonella se rio y sintió que su corazón se liberaba, soltando un peso que había cargado durante meses. Por fin era feliz otra vez. Al menos con respecto a Vicenzo. Aunque habían muchas cosas más que no habían hablado. Pero ya tendrían tiempo, se dijo mientras entraba a la casa con el aliento entrecortado. Un segundo después Vicenzo la agarró de la cintura y la levantó en vilo. —¡Malvado! ¡Bájame! ¡Perdiste! —Ya te enseño ahora mismo lo mal perdedor que soy. En el mismo instante en que sus labios se unieron ella sintió una Ráfaga de deseo que llenaba todos sus sentidos con fuerza, quedó u

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