XIII. Time in a bottle

1296 Palabras
Raen se encerró en su cuarto y se lanzó en la cama, sin siquiera prender la luz o cambiarse de ropa. Cerca de 20 minutos después, escuchó unos suaves golpes en la puerta y la voz de Aidan susurrando su nombre, pero no abrió ni dijo nada. No sabía cómo enfrentar lo que había pasado entre ambos y no quería hacerlo, así que solo lo ignoró hasta que el otro chico pareció rendirse y dejó de insistir. Los días siguientes, el príncipe continuó ignorando al pelirrojo, a pesar de los intentos de este de acercarse y poder conversar. Cuando lo encontraba solo en el salón de música, Raen dejaba de hacer lo que fuera que estuviera haciendo y se retiraba rápidamente, sin dedicarle siquiera una mirada. Las constantes evasiones de Raen calaban profundo en el corazón de su amigo, que solo quería pedirle perdón por haberse dejado llevar en un momento de debilidad. Realmente no quería incomodarlo y pensaba que sus sentimientos eran correspondidos. Qué iluso, se decía constantemente, sin saber que aquel beso había hecho estragos en la mente de su amigo. Raen tenía una lucha interna. Sabía que lo que sentía por Aidan no podían ser. No era normal, y mucho menos para un príncipe como él. No. Su deber era encontrar una buena mujer y casarse con ella, ascender al trono y gobernar con paz y justicia. Enseñarle a sus hijos los deberes reales y así hasta que algún día acabara la monarquía. Si bien eso era algo que sabía desde pequeño, aunque solo desde la muerte de Kiran había tenido que aplicar para sí mismo, ahora era algo que lo angustiaba. Esta era la primera vez que se enamoraba y nunca pensó que lo haría de otro chico. A pesar de que lo ignoraba a propósito, le dolía ver la mirada triste de Aidan cada vez que lo dejaba con la palabra en la boca, pero no sabía qué más hacer para olvidarlo... y para ignorar lo mucho que le había gustado ese primer beso y las ganas irrefrenables que tenía de repetirlo. -Hijo, hoy tenemos invitados especiales a cenar, así que necesito que estés presentable -le dijo su padre durante una pequeña reunión en el despacho. -Está bien -respondió él, lacónicamente. Aparentemente, el rey no había notado la tormenta que se formaba en su interior, lo que era bueno. No quería dar explicaciones ni mentir. A la hora acordada, Raen y su padre esperaron junto a la gran puerta del Palacio, esperando a sus comensales. Cuando el mayordomo abrió la puerta, el príncipe vio a tres personas que habían asistido a su gran cumpleaños, pero a las que no les había prestado atención. -Bienvenidos, duque y duquesa. Y también a usted, joven Emily -dijo el rey con parsimonia, mientras las tres personas hacían una leve inclinación ante él. Si bien Raen siguió el saludo protocolar, no pudo evitar fijarse en los ojos de la chica que estaba frente a él. Eran de un conocido color verde, y sintió una punzada en el corazón al darse cuenta de que le recordaban a los de Aidan. Cuando los cinco se sentaron en la amplia mesa del salón, que ya estaba lista para la cena, por su puesto, llegaron algunos mozos a servir a comida. Entre ellos, por supuesto, estaba Aidan. Si bien el chico no quería importunar al príncipe, no podía evitar seguir trabajando en el Palacio, sobre todo ahora que tenía más tiempo libre, ya que estaba de vacaciones. Ninguno de los dos cruzó miradas, pero el pelinegro sintió su corazón latir rápidamente, mientras se sonrojaba cuando su amigo, si es que aún podía llamarlo así, ponía la comida frente a él. A pesar de ese incómodo momento, el pelirrojo se retiró junto a los demás mozos, para que las realezas y sus invitados pudieran comer con gusto y tranquilidad. En la cocina, uno de los trabajadores le comentó a Alma que había una joven muy bella en la mesa. -Quizás el príncipe se enamore de ella. Supongo que esa es la idea del rey -le dijo. Aidan escuchó esta frase y se le hizo un nudo en la garganta. -Con tal de que sea una buena mujer, creo que está bien -respondió su madre, y agregó- me gustaría verla. Voy a cambiarme para atenderlos. Ese día le tocaba cocinar, pero ya que estaba todo listo, fue al armario de la servidumbre para cambiarse a un atuendo más apropiado para atender a sus majestades. La cena transcurrió tranquila. El rey, el duque y la duquesa conversaban educadamente sobre negocios, tierras y demases, mientras Raen se mantenía en silencio, al igual que la hija del duque. Cuando terminaron y la servidumbre retiró los platos, el rey los invitó a otro salón a tomar el té, lo que aceptaron con gusto. El lugar era más acogedor que el salón, con algunos mullidos sillones y una mesita adornada con flores frescas. Cuando todos estuvieron sentados, se abrió la puerta y Alma junto a Aidan llevaban bandejas con tazas, agua caliente y algunos postres. Pero la mujer no alcanzó a avanzar dos pasos cuando algo la sobresaltó y dio un paso hacia atrás, chocando con su hijo y dando vuelta las bandejas. -¡Mamá! ¿Estás bien? Aidan casi no se hizo daño, solo llevaba platillos y postres, pero su madre había volteado la tetera de loza y se había quemado la mano y parte de la pierna. Sin pensarlo, Raen se puso de pie y fue a ayudarla. -Lo siento, lo siento. Estoy bien -dijo ella, profundamente avergonzada, sobre todo porque el mismo príncipe se había acercado a ayudarla. Ante el ruido, llegaron otros dos mozos, que se dispusieron a limpiar, mientras Aidan se llevaba a su madre a la cocina. Raen dudó unos segundos, pero decidió seguirlos, sin pensar en los invitados de su padre ni en el rey. En la cocina, el príncipe ayudó a Alma a sentarse mientras el pelirrojo ponía paños mojados con agua fría en el brazo y la pierna. -No debería estar aquí -dijo la mujer a Raen, pero él negó con la cabeza. -Si no puedo cuidar a mi gente, no podré ser un buen rey -respondió. Ella se sorprendió y le sonrió con dulzura. Eso era algo que, estaba segura, habría dicho Kiran, y le alegraba darse cuenta de que su hermano menor parecía haber heredado el corazón del joven y su madre. Una suave y triste melodía llenaba el lugar. Como era costumbre, los trabajadores habían puesto un vinilo para amenizar el ambiente. But there never seems to be enough time To do the things you want to do Once you find them -Gracias -le dijo Aidan en voz baja, sin mirarlo a la cara. I've looked around enough to know That you're the one I want to go through time with Cuando Alma ya estuvo mejor, Raen regresó al salón. -¿Cómo está la criada? -preguntó el rey, como si realmente le importara, pero con un dejo de molestia en su voz. -Bien, no fue nada grave. -Bueno, ya sabes cómo es la servidumbre estos días. Hay que perdonarles un error tras otro -se rió el duque, haciendo que Raen frunciera el ceño, pero no dijo nada. Cuando ya había anochecido, por fin los invitados se disponían a retirarse. Al momento de las despedidas, Emily alejó a Raen un poco de los adultos. -No le hagas caso a las bromas tontas de mi padre. Fue muy lindo lo que hiciste con la mujer que nos atendió. -Ah, gracias -respondió él, asombrado. -Espero que volvamos a vernos -dijo ella, guiñándole un ojo y despidiéndose con una reverencia. Raen le sonrió, algo incómodo. Quizás, si pudiera enamorarse nuevamente, podría ser de una chica como ella.
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