VII. God Save the Queen

1248 Palabras
Aidan estaba esperando junto a la salida secreta del Palacio. Miró su reloj de muñeca y luego entre las ramas. Se le estaba haciendo tarde, pero tampoco podía dejar que Raen se fuera solo, sobre todo porque él lo había invitado. Cuando miró nuevamente el reloj, las hojas se movieron y el príncipe apareció. Estaba vestido completamente de n***o, incluyendo el gorro y las gafas que él le había prestado hacía algunas semanas. -Pensé que no llegabas -le dijo Aidan comenzando a caminar. -Lo siento, mi padre justo me mandó a llamar, pero logré safarme pronto. -Por Dios, estos reyes y sus reuniones inútiles- comentó el otro chico negando con la cabeza. Raen no dijo nada, porque realmente fue una reunión inútil para decirle algunas bobadas de seguir el linaje y blah blah blah. -Hay que apurarnos -dijo Aidan. El pelirrojo lo tomó de la muñeca y caminaron rápidamente entre las calles de la ciudad. A pesar de que tenía el rostro tranquilo, parecía estar algo preocupado. Raen se dejó guiar e iba a la misma velocidad que el otro chico, para evitar tropezarse y botarlo a él también, ya que iban casi corriendo de la mano. Finalmente, llegaron al lugar clandestino de siempre. Raen se acomodó el gorro y los anteojos para evitar ser reconocido, mientras Aidan desaparecía por una puerta que estaba junto al escenario. Había bastante gente, más de la habitual. Probablemente, la banda que tocaría era más popular que las otras, pensó el príncipe. Se puso a mirar a su alrededor, fijándose en los cabellos de colores, las ropas rasgadas y los pearcings en el rostro y orejas. Si bien él no usaría algo así (principalmente porque jamás lo iban a dejar), le gustaba mucho ese estilo e incluso se imaginó con algún aro o el pelo verde. En eso, la gente comenzó a aplaudir, así que volvió su atención al escenario... y cuál fue su sorpresa al ver a Aidan con un bajo, sobre él. Junto a él estaba Karl con una guitarra y otros dos chicos. Uno de los chicos se colocó detrás de la batería y el otro frente al micrófono y, sin avisar ni decir nada, empezaron a cantar una canción. Raen no le prestó atención a la letra, porque estaba totalmente anonadado viendo al pelirrojo tocar el bajo y hacer algunos coros. Se veía genial... no, era mucho más que eso, pero no podía describirlo con palabras. Las luces frente a él, la postura de su cuerpo, sus dedos recorriendo el bajo le daban un aura especial, seductora, que nunca le había visto, mientras los asistentes estaban eufóricos a su alrededor. Terminaron de tocar la primera canción e inmediatamente el chico de la batería golpeó sus baquetas para iniciar la siguiente. Pero esta vez, no fue el vocalista quien cantó, sino que fue el mismo Aidan. God save the queen The fascist regime They made you a moron A potential H bomb Su voz era potente, clara y, a diferencia del vocalista, no parecía forzar tanto la garganta. Le salía natural. God save the queen She ain't a human being and there's no future And England's dreaming Raen recordó el día que juntos cantaron la canción de The Beatles en los terrenos del palacio, mientras él tocaba guitarra. Ahí ya se había dado cuenta de que el otro chico era afinado, pero ahora se escuchaba potente. Don't be told what you want Don't be told what you need There's no future No future No future for you Y no solo su voz era potente. Parecía cantar con todo su cuerpo, con toda su alma, como si sintiera con todo su ser cada sílaba de la canción. God save the queen We mean it man We love our queen God saves Entonces, Raen también notó la rabia en la voz de Aidan y comenzó a prestarle más atención a la letra. Sí, Dios salve a la reina... pero ese no era el verdadero trasfondo del tema. God save the queen 'Cause tourists are money And our figurehead Is not what she seems Oh God save history God save your mad parade Oh Lord God have mercy All crimes are paid Era una crítica a la reina de Inglaterra. O a los ingleses en general. Oh when there's no future How can there be sin We're the flowers in the dustbin We're the poison in your human machine We're the future Your future Pero Raenn comenzó a notar que no solamente se refería a Inglaterra. No, era al régimen monárquico en general. God save the king We mean it man We love our king God saves Cuando Aidan cambió la palabra reina por rey, el público pareció enloquecer, gritando y saltando con más euforia. God save the king We mean it man There's no future In Liechtenstein's dreaming God save the king Raen comenzó a sentirse mal, mareado, aprisionado entre tanta gente eufórica alrededor. No future No future No future for you No future No future No future for me Sabía que el pelirrojo estaba en contra de la monarquía y todo eso, pero por alguna razón, escucharlo en la canción le caló más hondo que cuando lo habían conversado algunos días antes. Si odiaba a la Corona, eventualmente lo odiaría a él... y no solo eso, toda esa gente alrededor suyo lo odiaba, y a su padre... puede que incluso a su hermano, aun sin conocerlos. Poco a poco se fue alejando del escenario mientras comenzaba la siguiente canción. Necesitaba respirar aire fresco, así que subió por las escaleras y salió del lugar. Ya era algo tarde, estaba frío, pero no le importó. Se subió el cierre de la chaqueta hasta taparse la nariz y se encasquetó el gorro hasta las orejas. Se quedó ahí, de pie, con los brazos cruzados. Sentía un pesar en el pecho y unas extrañas ganas de llorar. -¿Estás bien? Una voz femenina lo sobresaltó. Una chica estaba a su lado, mirándolo con curiosidad y algo de preocupación. Raen asintió con la cabeza, pero ella siguió allí. -Eres el amigo de Aidan, ¿verdad? Soy Ekaterina, novia de Karl -se presentó ella, estirando la mano. El príncipe la recordó de inmediato y le dio un suave apretón de manos. -¿Qué haces aquí afuera? Los chicos aún no terminan la presentación, les deben quedar un par de canciones. -No me sentía muy bien. -Entiendo, a veces es sofocante -comentó ella poniéndole una mano en el hombro- pero no te vayas sin decirle algo a Aidan, ¿está bien? Él tenía mucha ilusión de que lo vieras tocar. Raen la miró sorprendido y luego asintió con la cabeza. Entonces ella le sonrió amablemente y entró al recinto. ¿Acaso lo había seguido? Bueno, eso estaba demás. Lo que realmente le preocupaba al pelinegro era qué le iba a decir a Aidan cuando bajara del escenario. Probablemente se habría dado cuenta de que salió apenas a la segunda canción. Y quizás eso lo pondría triste... Pero él mismo no podía obligarse a volver. Estaba angustiado. ¿Qué pasaba si alguien lo reconocía? ¿Por qué Aidan lo había traído a un lugar como este sabiendo el peligro al que lo exponía? Tuvo muchas ganas de volver al Palacio, pero se contuvo. No podía irse sin el otro chico. No sería de buena educación. Así que esperó en el frío a que el pelirrojo dejara de cantar en contra de lo que él mismo representaba.
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