Narra Luca
—¿Luc? ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Alex mi hermana pequeña, sentándose a mi lado en las escaleras del pórtico de nuestra casa; apoyó su cabeza en mi hombro y suspiró.
—Sólo estoy pensando —alargué pasando un brazo sobre sus hombros.
—Abigail... la reina de tus pensamientos —rió.
Negué con la cabeza y sonreí.
—No es cierto.
—Sí, y yo soy Maddona con 16 años —reí y besé su cabeza—. ¿Cuándo aceptarás que te gusta?
—No lo hace. Es sólo mi amiga —dije.
—¡Claro! —respondió siendo sarcástica—. ¿Hoy no irás a verla? —levanté las cejas y ella se aclaró la garganta—. Escucharla —se corrigió.
—No —dije—. Sólo necesito pensar.
No entendía que me pasaba, algo se había despertado en mi interior desde que comencé a hablar con Abigail. Algo que había estado dormido desde siempre.
Nunca había sentido la necesidad de ver el mundo que me rodeaba, a como la sentía ahora. Sentía una gran exasperación al no saber con exactitud lo que tenía que hacer.
—¿Has tomado tu medicina, Luc? —preguntó mi hermana levantándose.
—Lo haré pronto —alargué.