Narra Luca —¡Abby! ¡Abre esa puerta! —grité golpeando la puerta del baño de nuestra casa con ambos puños. Estaba comenzando a entrar en pánico, hacía más de una hora había entrado ahí, no dejaba de llorar y se negaba a abrirme la puerta. Llevaba más de dos semanas con extraños cambios de ánimo, incluso algunas veces pensaba que quería matarme. —¡Vete, Luca! Quiero estar sola —respondió entre sollozos. —Nena, por favor abre; estás asustándome. —¡No! —Tengo gomitas —dije sonriendo, llevaba varios días también pidiéndome gomitas, no podía resistirse a su sola mención; aún no sabía como lograba comerse dos bolsas de gomitas al día. Escuché la puerta abrirse y respiré profundamente. Estaba sentada en el piso, con su hermoso rostro hinchado de haber llorado tanto. Me senté a su lado y

