—¡Luca abre la puerta! Por todos los ciegos con cáncer del mundo, había entrado en pánico y ahora era yo quien estaba encerrado en el baño. ¿Qué íbamos hacer con un bebé? Abigail hacía apenas unos meses había cumplido los 18 años y yo estaba en los 20. Presioné la frente contra la fría pared del baño y gruñí de frustración. No estaba listo para esto. —¡Luca! ¡Tenemos que hablar! —¡No quiero Abby! —grité golpeando la puerta. —¡Sal de ahí cobarde! ¿Cobarde? ¡Oh no! ¡Claro que no fue capaz de llamarme cobarde! —Muy bien... vamos a calmarnos —alargué, abriendo la puerta. Ella dio un asentimiento y se sentó en la cama con sus piernas cruzadas; se veía tan jodidamente sexy con ese diminuto short blanco. Me dije a mí mismo. —Un bebé... tendremos un bebé —mi voz era apenas audible; e

