Ahora podía respirar con total libertad... No podía borrar la estúpida sonrisa de enamorada de mi rostro. No podía alejar ni por un segundo la mirada de ese chico que me había enseñado a vivir otra vez. Ese chico que había logrado que yo viera el mundo de otra manera. Tenía sus lentes oscuros en mis manos, mientras lo observaba dormir plácidamente. Y por primera vez desde que lo conocí, los llevé a mis ojos y pude ver tras ellos. Siempre tuve la curiosidad de ponérmelos y poder imaginar así el mágico mundo en el que vivía Luca, pero sonreí al ver que en mí no funcionaban; la magia solo funcionaba en él. —No aguantaste las ganas de probártelos, ¿No es así? —preguntó con una media sonrisa. —¿No se supone que tú estabas dormido? —le pregunté. —Tu olor a cerezas logra despertarme

