Tragué con fuerza mientras limpiaba las lágrimas de mis ojos. ¿Qué carajos estaba haciendo él aquí? ¿Acaso había llegado a burlarse de mí? Él estaba frente a mí, mantenía sus manos escondidas en los bolsillos de su chaqueta. Una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios, mientras daba dos pasos hacia mí. —Te advierto que si has venido a fastidiar a Abby, juro que te golpearé las pelotas, Ian —lo amenazó Amy, jalándome del brazo, para esconderme tras ella. —Sólo vengo a ofrecer mi ayuda. Ya me realicé las pruebas y soy compatible —informó, ladeando su cabeza para poder verme. Cerré los ojos y sentí que pude volver a respirar otra vez. Una pequeña luz de esperanza se había iluminado en ese largo túnel de oscuridad. —¿Y por qué querrías hacerlo? —continuó Amy. —Porque me di cuenta que

