Apoyé mi cabeza en el hombro de Amy; ella me daba suaves golpecitos en la espalda sin poder consolarme. Billy intentaba darme fuerzas a través de sus palabras, pero era inútil. Acababa de recibir los resultados para ver si podía ser donante y habían sido negativos... al igual que los de Amy, Billy, mi madre y todos los que conocía. ¿Tanto costaba donar unas estúpidas células? ¡Ni siquiera era una cirugía! —Pronto aparecerá, Abby —dijo Billy, acariciando mi espalda. —¿Cuándo? ¿Lo has visto ya? —espeté volviéndome hacia él—. ¡Es una maldita bomba de tiempo que explotará en cualquier momento! —grité. Estaba desesperada. Luca cada día estaba más débil. Seguía repitiéndome que no me abandonaría, pero ya mis esperanzas se iban desvaneciendo. Iba a perderlo al igual que a mi padre. Billy y

