—Señorita... señorita —escuché que me llamaban suavemente. Levanté la cabeza, dando un largo bostezo. Una enfermera me sonreía, sosteniendo en sus manos una nueva bolsa de sangre. Un horrible ruido provino de mi espalda cuando me enderecé. Había pasado toda la noche con mi cabeza apoyada en la cama, sólo sosteniendo su mano. —¿Eres su novia? —susurró para no despertarlo. Lo observé y sonreí. Preguntándome si alguna vez Luca temía de algo. Pues había pasado horas consolándome en lugar de ser yo la que lo haga con él. —Sí —dije. —Eres muy afortunada, llevo mucho tiempo atendiendo a Luca y sé que es un chico increíble —comentó la joven mujer mientras hacía el cambio de bolsa. —Lo sé —afirmé—. ¿Qué es lo que sucede con él? —pregunté frunciendo el ceño. La chica terminó de cambiar las b

