No. No podía aceptarlo. Sentía como lo que me quedaba de corazón me estaba siendo arrancado bruscamente del pecho, dejando ahí sólo un enorme vacío. Las puertas del ascensor se abrieron y corrí sin saber a dónde lo hacía. Escuché a mi madre gritarme, pero no me detuve, lo único que quería era poder estar con Luca. Cuando miré a Alex sentada en un sillón en una blanca y fría sala de espera me detuve bruscamente. Sus ojos se encontraron con los míos de forma inmediata, me ofreció una sonrisa a boca cerrada y después caminó hacia mí. —Alex —la saludé. —Pensé que no vendrías —dijo con molestia. —Yo no sabía nada. —Te he estado llamando —espetó, apretando la mandíbula. Los ojos se me llenaron de lágrimas y parpadee en varias ocasiones para evitar llorar. —¿Cómo está? —pregunté, traga

