Me levanté de un salto a recoger toda la ropa que había quedado esparcida a lo largo del piso. Recogí los pantalones de Luca y me voltee hacia él; tuve que contener la risa al ver la expresión de horror que tenía. —Toma —le dije en voz baja, alcanzándole los pantalones. —¿Abby? ¿Estás en casa? —cerré los ojos con fuerza al escuchar a mi madre golpear mi puerta. —¡Sí mamá! —contesté poniéndome rápidamente la blusa. —¿Por qué tu suéter está botado en el pasillo? ¡Oh rayos! —Tenía calor, mamá —alargué. Abrí la puerta y mi madre sonreía, sosteniendo mi suéter en su mano derecha. Miró sobre mi hombro y luego volvió a mirarme. —Hola Luca —saludó. —Señora Lancaster, ¿Cómo está? —respondió mi novio, parándose a mi lado. Mi madre arqueó una ceja en mi dirección y se aclaró la ga

