—¿Quién murió aquí? Quité la almohada de mi rostro al escuchar a Billy toser. —Largo —espeté señalando hacia la puerta. —¿Qué demonios, Luca? ¿Hace cuánto no conoces la ducha? —¿Qué te importa? —Sal de esa cama, hermano. Mete tu trasero a esa ducha y sal con tus amigos. Cubrí mi rostro con la almohada cuando Billy abrió las cortinas. Hacía un mes que esas cortinas permanecían cerradas, un largo mes de no saber nada de mi esposa. Parecía que se la había tragado la tierra, pues nadie sabía nada de ella. —¿Has estado tomando, Luca? —preguntó Billy, quitándome la almohada. —Sólo un poco —reí. —¿Acaso quieres matarte, idiota? ¿Así piensas encontrar a Abby? —¡Ya ella no me ama, j***r! —grité abriendo los ojos—. Me dejó, no le importó dejarme. —¿Y vas a rendirte así de fácil? —me grit

