—¿Quién toca de esa manera? —replicó la madre de Abby cuando me abrió la puerta. Pasó ambas manos por su rostro y pestañeó varias veces, escaneándome lentamente con la mirada. —¿Luca? ¿Qué haces aquí a esta hora? ¿Le ha pasado algo a Abby? Me sostuve del marco de la puerta y bajé la cabeza. Miré sobre su hombro pero no vi nada. —¿Ella no está aquí? —¿Cómo que no está aquí?—preguntó cruzándose de brazos—. ¿Dónde está Abby? —Yo... no lo sé —dije cerrando los ojos, dejé escapar un par de lágrimas más, pero las alejé rápidamente—. Pensé que había venido a buscarla. —¿Qué ha pasado? ¿Por qué te sangran los nudillos? —Estoy desesperado —lloré. Ella me tomó del brazo y me hizo entrar—. ¿Usted sabía que Abby estaba embarazada de dos niñas? Me hizo sentarme en el sofá y se agachó delan

