El golpe fue similar al de una pelota de béisbol cuando es golpeada por el bateador; miré al rubio, quien tomó mi mano y me obligó a agacharme bajo el mostrador. Observé a Luca, estaba agachado al lado de la castaña, quien estaba conteniendo las ganas de reírse. Se suponía que debía de pegarle a las botellas... No a la espalda del hombre. —Hay que salir de aquí —me susurró el rubio—. Camina lentamente sin levantarte. Asentí hacia él; preguntándome si estos chicos en realidad son delincuentes, pues parecía que eran expertos en escapar. —¿Dónde están? —gritó el hombre. Nos detuvimos y observamos hacia arriba; donde muchos dedos nos señalaban acusatoriamente... Chismosos. —Vengan aquí, niñatos —gruñó. No nos quedó de otra que ponernos de pie. El hombre nos miraba con el ceño fruncido,

