Capítulo 53

228 Palabras

—No puedo creer que hayas logrado botar todas las botellas —me burlé de él, a la vez que intentaba abrir la puerta de mi casa.   —Nunca subestimes a un ciego —bromeó.  Empujé la puerta y caminamos al interior. —¡Hola familia! ¡Estamos en casa! —grité llevando ambas manos a mi boca.   Esperé... y esperé... pero no obtuve respuesta. Revisé el teléfono, tenía un mensaje de mi madre; decía que estarían fuera un par de horas. —Supongo que estamos solos —le digo, girándome hacia él.  Tomé el panda que traía en sus manos y lo puse sobre el sofá.  —¿Qué quieres hacer? —preguntó. Sus labios se levantaron en una sonrisa y caminó hacia mí.  Sus manos rodearon mi cintura. Y sus labios bajaron hasta depositar un pequeño beso en mi cuello. Suspiré, cerrando los ojos con fuerza.  —No lo sé, díme

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