—Abigail Lancaster, tú y yo no hemos terminado de hablar —gritó mamá cerrando la puerta detrás de ella.
Caminé hacia el auto de Amy a paso rápido, pero su mano agarró mi muñeca impidiéndome avanzar.
—Tengo prisa, mamá —espeté volviéndome hacia ella.
—¿Cómo es eso que terminaste con Ian? ¿Acaso tienes estiércol en la cabeza? —gritó frunciendo el ceño.
Arquee una ceja y reí sarcásticamente.
—No madre, si yo heredé las neuronas de papá.
Su boca se abrió en una perfecta O, al igual que lo hizo su mano cuando impactó en mi mejilla. Las lágrimas brotaron sin poder detenerlas, era la primera vez que me pegaba, y al ver su labio inferior temblar, supe que estaba arrepentida. Sus dedos soltaron mi muñeca y la observé retroceder dos pasos.
—Yo... yo sólo quiero que me respetes —balbuceó.
Limpié mis ojos y no dije nada, simplemente terminé de llegar hasta el auto de Amy.
—¿Estás bien? —preguntó cuándo estuve adentro.
Miré a mamá, aún me observaba con sus dos manos tapando su boca.
—Hay que irnos, los chicos nos esperan —alargué viendo hacia el frente.
Solía preguntarme lo que se sentía tener una madre que te amara verdaderamente. A veces soñaba con escuchar a mi madre decir que me amaba, pero hacía muchos años me había resignado a nunca escucharlo. Mi corazón dolía aún más que lo que podía doler mi mejilla, me dolía verla ahí de pie sin decir ni una sola palabra de "lo siento".