El doctor por fin me había dejado entrar, ya era de noche y el cansancio de la situación me estaba pasando la cuenta, pero tenía que verla. Cuando entré ella estaba dormida, los moretones en su cara se veían ahora mucho más marcados, sus muñecas estaban vendadas y una de sus manos tenía puesta una esposa amarrada a la cama. Me sentí indignada por la poca empatía con la que se estaba tratando a mi madre, así que salí al pasillo para encontrarme con los oficiales, también estaba Vania y Stefan. —¿Qué demonios tienen en la cabeza? —les grito enojada, ellos me miran y Santana rueda los ojos. —Es una detenida —dice —¿Qué sucede? —pregunta Stefan. —Pasa que mi madre tiene las dos muñecas fracturadas, vendadas y a los respetables oficiales se les ocurrió apretar una esposa contra la cama —dig

