El agua caliente iba relajando cada músculo tenso de mi cuerpo, borrando la sangre que había quedado en mis brazos, lo único que no borraba eran los momentos del día de hoy, momentos que quisiera olvidar, quisiera que esto nunca hubiera pasado, que Stefan y yo nos siguiéramos conociendo, saliendo a pasear, comer juntos. Pero en cambio estábamos en un proceso judicial. No sé cuánto rato estuve en la ducha pero mis dedos comenzaron a arrugarse, parecía una viejita, aunque ahora, en este preciso momento me sentía como una. Me puse el pijama que había traído, y fui a buscar mi secador para el pelo, Stefan apareció en mi radar quitándome el secador de las manos. —¿Qué sucede? —pregunto, él se encoge de hombros. —Quiero hacerlo yo —dice, me empuja hacia la habitación y me obliga a sentarme en

