¿Una princesa? Ni hablar. Quizás era ese el motivo por el cual había sido rechazada. Absoluta y definitivamente, yo no era Cenicienta. —Pienso que es lo mejor, guardiana. No soy material de princesa, exactamente. Era más diestra con un puñal que un político elocuente; más hábil con un rifle que en la pista de baile. Y eso era, tristemente, un hecho. Quienquiera que fuese este príncipe Nial, se había librado de una buena. De mí. Quizás este príncipe estaba mejor sin mí. Eso no quería decir que, en mi interior, en donde persistían las emociones de la ceremonia de reclamación de aquella mujer, el sueño en el cual supe por algunos momentos lo que era ser querida, amada, follada y reclamada por sus compañeros, que en mi interior no estuviese sangrando. Príncipe Nial de Prillon Prime, a bor

