3 Príncipe Nial, nave Deston, Sala de transporte Caminé por el vestíbulo de la nave como si fuese un monstruo. Los guerreros curtidos esquivaban su mirada, incapaces de soportar la imagen de mi piel plateada. Dudaba que todo se tratara de mí, sino de lo que podría sucederles a ellos. No me importaba. En cuestión de horas estaría en la Tierra, y mi novia en mis brazos. Esta era una misión en la que no fallaría. Cuando mi compañera estuviese a salvo, encontraría a un guerrero dispuesto a compartirla; nombraría a un segundo para protegerla, y entonces hallaría una manera de recuperar mi trono. Mientras caminaba, la ira se encrespaba en mi estómago como un nudo apretado. Mi padre era absurdo, y había pasado demasiados años siguiendo sus órdenes ciegamente. Era tiempo de quitarle el trono, p

