Capítulo siete

823 Palabras
El de rizos tomó ropa de su armario y la dejó acomodada sobre su cama antes de ir a bañarse, hoy sería el día en que empezaría sus secciones con el doctor Richelieu, pero antes de pensar en asistir a una de ellas, tenía que pensar en deshacerse de la erección que provocó ese dichoso psicólogo, pensar en cómo se vería su abuela desnuda no serviría esta vez. Así que se decidió por una paja rápida en el baño. Cuando terminó de enjabonarse llevó su mano a su m*****o, acariciando sutilmente su abdomen y apretando apenas sus pezones en el camino. Comenzó a deslizar su mano por su pene lentamente, haciendo énfasis en su glande, cuando su mano pasaba por éste, la detenía en la punta y la acariciaba con su pulgar, con rápidos y precisos círculos. Sus rizos estaban esparcidos y levemente adheridos a la pared por el agua de la ducha, su cabeza estaba tirada contra está y su boca estaba ligeramente abierta, de ella salían gemidos roncos y jadeos.    Le gustaba más masturbarse con sus dedos o algún juguete, pero en esta ocasión se le hacía imposible, tendría que estar en menos en una hora en el consultorio de su psicólogo.  A parte de  que en la ducha le resultaría muy difícil hacerlo y definitivamente necesitaba una ducha. Se corrió soltando un grito un tanto agudo pero a la vez ronco y manchando la pared opuesta de la que él estaba apoyado y parte de su abdomen con su semen, tiras blancas pintando la pared de baño color azul pastel. Terminó de enjabonarse y se enjuagó rápidamente para luego salir del baño y vestirse. ... A penas entró en la clínica, Kaet corrió apurado para poder llegar a tiempo al consultorio del doctor Richelieu. Como vivía en el centro de la ciudad, la clínica a la que tenía que asistir no quedaba muy lejos de su departamento, por lo tanto él decidió ir allí caminando, aunque no le quedaba mucho tiempo, eso fue una mala idea, ya que fue la razón por la que llegó tarde y agitado.    Cuando la secretaria le dio permiso para que pudiera entrar, lo hizo caminando lento, podía llegar un poco más tarde, pensó, encogiéndose de hombros, aunque aún seguía agitado por correr varias calles. Dentro del consultorio, cuando cerró la puerta, se agachó un poco, apoyando las manos sobre sus muslos, mientras respiraba agitadamente. — ¿Kaet Chasseclair? —Cuando el nombrado levantó la cabeza pudo ver al castaño con una ceja alzada, en señal de cuestionamiento. En esta ocasión estaba vestido con camisa y un pantalón de vestir, también llevaba unos lentes que lo hacían ver mucho más sexy de lo que era. Kaet se quedó sin aliento por un momento. — ¿Siempre estás igual de rojo y agitado? Aunque la anterior vez que te vi solo estabas con las mejillas coloradas. —El doctor Richelieu soltó una leve risa y con un gesto, le indicó que se sentara en la silla que estaba frente a la suya. —Espero estarlo contigo la próxima vez que nos veamos pero no por  haber corrido hasta aquí. —El de rizos dibujó una ligera sonrisa traviesa sobre sus labios, pensando que aquello lo había pensado cuando en realidad no había sido así. — ¿Qué? —El castaño hizo un gesto divertido pero el de Kaet fue completamente diferente, ya que hizo una mueca. —Nada. Tobías decidió comenzar con la sesión cuando vio que la incomodidad de Kaet había pasado. —Y bueno, dime... ¿por qué estás aquí? Pero al escuchar esa pregunta la incomodidad del de rizos volvió. —Em.... bueno, pasa que mi novio tiene... —Kaet bajo la mirada a sus manos y con éstas trató de explicar la situación, moviéndolas de forma rara, pero no lo logró. — ¿Tiene qué...? Si es un problema de pareja es preferible que hagan terapia en pareja. —Le contestó el castaño, encogiéndose de hombros. —No es eso. Pasa que... —Kaet seguía con la mirada baja, aunque ahora no movía sus manos tanto, solo un poco, de forma nerviosa. — ¡Tiene el pene chico! ¡Y me molesta que lo tenga así! Las mejillas de Tobías engordaron, él estaba tratando de no reírse y lo consiguió, bueno, en parte, ya que salió de su boca un fuerte suspiro. — ¿Es en serio? Si tanto te disgusta puedes terminar con él. —El castaño hizo un gesto como si fuera la solución más obvia y rápida y aunque lo era, Kaet no quería que fuera así. "Y salir conmigo" Terminó la frase el de ojos azules en su cabeza, segundos después de haberla dicho. — Lo que sucede es que nunca me gustaron los compromisos, ni siquiera me gustaba pensar en ellos hasta que lo conocí, me gusta mucho, su pene no pero él sí... Y bueno. — Kaet movió en su regazo nuevamente sus manos, nerviosamente.  El doctor Richelieu se decepcionó cuando lo escuchó, había pensado que podría tener una oportunidad más adelante, cuando Kaet volviera a estar soltero, pero al parecer no, estaba enamorado.       
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