Kaet caminaba tranquilamente al consultorio del Dr. Richelieu, esta vez él tiene el tiempo necesario para llegar, ya que no necesitó masturbarse antes de salir, había soñado de nuevo con Tobías pero esta vez se pudo solucionar pensando en otra cosa, así que no fue cosa por la cual preocuparse.
Las fantasías o sueños que había tenido con el castaño se habían vuelto frecuentes y no le estaba gustando para nada. Una de las pocas veces de las que había vuelto a tener relaciones con Felix lo había llamado Tobías, él había explicado que estaba pensando en la consulta a la que debe ir mañana.
El de rizos cerró la puerta del lugar luego de entrar y saludó con simpatía a la secretaria de su psicólogo, le dio el permiso a entrar al consultorio después de unos minutos y entró. Detrás de su escritorio estaba Tobías sentado, esta vez llevaba lentes y Kaet creía que se veía precioso con ellos.
—Creo que ya tengo la solución a tu problema, deberíamos intentar cambiar tu adicción, antes de conocer a Felix tenías una adicción al sexo ¿no? —Tobías elevó ambas cejas en cuestionamiento y Kaet asintió como respuesta. —Bueno, podrías cambiar el sexo por otra cosa.
El rostro del de rizos se deformó por completo. Él amaba el sexo, no creía que podría cambiarlo por otra cosa. — ¡No quiero dejar de tener sexo! —Casi gritó.
Tobías rió bajo. —No lo harás, solo dejarás de pensar en tenerlo todo el tiempo.
—Fácil, solo menciona que Felix tiene el pene chico y dejaré de querer sexo. —Kaet hizo una seña con una de sus manos, indicando que era algo obvio.
Tobías negó con un movimiento de cabeza. —No, sino pensaras tanto en sexo como lo haces no te importaría tanto el tamaño del pene de tu novio, pero eso...
Pero Kaet dejó de escuchar...
» —Kaet, acércate.
El de rizos asintió confundido y obedeció, levantándose de su asiento y rodeando el escritorio que lo separaba del castaño. El de ojos azules solo quedó mirándolo por varios minutos hasta que el rizado se sobresaltó por la mano de esté en su trasero, atinó a alejarse pero el otro se adelantó e hizo más presión con su mano sobre su culo, empujándolo levemente hacía el escritorio.
—Inclínate. —Le ordenó y aún confundido volvió a obedecer, recostando su abdomen sobre la madera del escritorio y dejando su trasero en alto para Tobías.
Sintió como la mano de su psicólogo se movía por su culo pero, rápidamente, fue hasta la parte delantera de su cuerpo y comenzó a desprender su pantalón, cuando lo logró lo bajó hasta las rodillas lentamente, dejándolo solo en ropa interior. Tanteó con avidez sobre su m*****o y bolas, Kaet soltaba leves gemidos y su respiración estaba bastante agitada, movió su pelvis hacía delante, intentando buscar más contacto de la mano de Tobías pero a esté no le gustó para nada.
—Quieto. —Le susurró cerca del oído de forma autoritaria y de golpe pegó sus cuerpo, apoyando su erección contra el trasero ajeno.
El castaño mordió el lóbulo de la oreja del de rizos, alejando su mano del m*****o del chico, la llevó hasta la cinturilla de su bóxer y comenzó a descenderlo por las piernas de éste hasta la altura de sus rodillas. El de ojos azules movió su cadera, haciendo que su bulto haga más fricción con el trasero, ahora desnudo de Kaet, esté soltó un fuerte gemido y se acomodó mejor sobre la mesa, tomando con sus manos la otra punta de está.
El Dr. Richelieu sonrió victorioso al escuchar el gemido del otro chico y comenzó a bajarse su propio pantalón con cierta rapidez, cuando lo hizo prosiguió con su ropa interior. Ya completamente sin ropa, abrió uno de los cajones de su escritorio y tomó de éste un lubricante, empapó su pene con él, el castaño no creía que hacía falta de prepararlo, así luego de haber lubricado su m*****o lo suficiente agarró con sus manos ambas mejillas del culo del de rizos y las separó, y con un movimiento pélvico, un tanto brusco, penetró al de rizos, esté soltó un fuerte gemido.
Luego de varios segundos de haber estado quieto dentro de él empezó a embestirlo con fuerza y rapidez. El cuerpo del de rizos chocaba de una forma excitante y violenta contra la madera del escritorio del castaño.
—Tobías, sí —La voz del de rizos sonó ronca y el sí salió más como un gemido que como una palabra entendible.
—Suena que estás muy interesado en hablar sobre tu infancia. —Tobías soltó una risa, intentado sonar como que el gemido del de rizos no le había afectado pero su m*****o no intentaba fingir aquello, ya que se estaba poniendo duro dentro de sus pantalones.
El de rizos se alteró al darse cuenta que tenía una gran erección y que había dicho en voz alta lo que pensó que solo se quedaría en su imaginación.
— ¿Sobre mi infancia? —Kaet frunció el ceño, ladeando un poco la cabeza. Su pene no estaba poniéndose duro, esté ya lo estaba y desde hace ya un tiempo.
—Claro. ¡Te acabó de decir que quizás tu adicción al sexo la haya provocado algo que te sucedió en la infancia!
—Perdón, es que no te presté atención. —El de rizos corrió la mirada y se removió en su lugar incomodo, nervioso y muy excitado.