Dos costillas fracturadas, una fisura en el tobillo, mucho agotamiento y neumonía eran los padecimientos más graves de la joven, quien además tenía moretones por todo el cuerpo, algunos cortes y arañones en los brazos y piernas, y un enorme chichón en la cabeza de cuando se cayó en la habitación donde la habían tenido encerrada. Bastián, aunque veía con preocupación el cuerpo de esa chica, respiró profundo sabiéndola en buenas manos, pues era el mejor neumólogo de la región quien le estaba atendiendo a su esposa, y quien, también, le había asegurado que ella estaría bien pronto. Antonio también se había sentido mucho más aliviado al saber a su hija a salvo, pero, a diferencia del más joven, decidió encargarse personalmente de supervisar la búsqueda de Santino Tapia, quien, al parecer,

