Laurie veía a la doctora Megan hablar, observando lo atento que estaba el moreno a sus palabras. Pero el castaño no la escuchaba, tenía un insoportable dolor de cabeza, solo quería llegar a su casa, abrazar a su hijo y apoyar su cabeza en la almohada, y de paso no despertar más. ¿Cómo no vio venir esto? Se maldecía, por lo idiota que había sido y es. Igual no sé podía culpar, no era para nada común un hombre embarazado. Zack miró hacía Laurie, cuando la doctora terminó de hablar y se encontraba escribiendo, recetándole otros remedios al moreno. tomó la mano de Laurie, llamándole la atención. —¿Estas bien?—logró preguntar Zack, atento. Laurie lo miró y sin mentir dijo—¿La verdad? No, estoy demasiado cansado. El moreno asintió, comprensivo. La doctora Megan lo notó. —También le voy a da

