Luego de una semana con remedios y análisis, Zack no había mejorado pero tampoco empeorado. Estaba en línea, bien en el medio, sin llegar a estar estable. Ya llevaba un mes con aquel resfriado y Laurie entró en desesperación cuando ninguno de aquellos medicamentos y pastillas, recetados por la doctora, surgiá algún efecto en el moreno. —Zack, hoy tenemos que ir a que te hagan el último estudio—decía Laurie, entrando a su cuarto al medio día. El moreno mayormente dormía hasta tarde, se levantaba a las doce o una de la tarde luego de que Laurie cerraba la librería e iba a buscar a Logan del jardín. El niño entró a l pieza de su papá, escuchando las quejas y las suplicas del moreno por domir un poco más. —Duermes mucho Zack, no puedes estar tan decaído. Levántate, prepararé la comida—gruñí

